contra les institucions

Caminada Popular del Tres Turons.

La Plaaforma d’ Habitatges Afectats dels Tres Turons, convoquen per aquest diumenge 1 de decembre, la 1 Caminada Popular,
la cita es a les 10:30h a la porta del Parc del a Creueta del Coll. Adjuntem cartell i diptic

Per contactar: afectats3Tutons#gmail.com
twiter: @Dignitat3Turons
facebook: Plaaforma d’ Habitatges Afectats dels Tres Turons

Sense més, ens veiem el diumenge.

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La verdadera Barcelona en llamas.

https://ellokal.org/la-verdadera-barcelona-en-llamas/
por Ruymán Rodríguez (FAGC)

Se han escrito, pensado y dicho tantas mentiras sobre los disturbios de Barcelona, que si llegaran a materializarse podrían verse desde el espacio con mucha más facilidad que la Gran Muralla China.

No me cuesta suponer que muchos de los que reproducen esas mentiras o bien no han pisado Catalunya desde que el lunes 14 de octubre se hacía pública la sentencia del procés y empezaban las movilizaciones o, si la han pisado, no se han enterado de nada. Pero estoy convencido de que los autoproclamados “profesionales de la información”, que sí la han pisado, que sí se han enterado de todo y que aún así intoxican deliberadamente, lo hacen respondiendo a los mandatos directos del poder y a una bien definida estrategia propagandística. Lo lamentable es descubrir que gran parte de la izquierda politizada, con sus columnas de opinión, comunicados, colectivos, sedes y asambleas, parecen estar analizando la realidad a través de dicha propaganda mediática.

La realidad de esta última reedición de La Rosa de Foc tiene muy poco que ver con lo que nos han contado o mostrado. Por un lado, uno esperaría al llegar a Barcelona encontrarse con una ciudad colapsada, con la “gente de orden” metida en su casa y la vida urbana completamente paralizada. La realidad, por el contrario, es que la gran mayoría de habitantes sigue con sus rutinas y hábitos callejeros normales. Esto no quiere decir, necesariamente, que no les interese lo que está pasando en su ciudad, ni que sean ajenos al conflicto. Al contrario, es el tema de conversación constante y es imposible saber si el vecino que apura un vermú en una terraza no está haciendo tiempo para sumarse a una movilización esa misma tarde. De hecho, es raro ver a alguien alarmarse por oír un pelotazo de goma a lo lejos o por ver a manifestantes corriendo por las calles. No sabría decir si es una cuestión de desconexión entre ambas realidades o de costumbre, de haberse habituado a lo inhabitual.

Pero la gran mentira sobre las llamas de Barcelona va mucho más lejos, o al menos más a las vísceras. ¿Comandos internacionales bien organizados y bien financiados detrás de los disturbios? ¿Un movimiento exclusivamente nacionalista motivado por aspiraciones supremacistas? La realidad de las barricadas y de la calle no tiene nada que ver con eso.

En primer lugar, la media de edad de quienes están protagonizando las protestas es llamativamente baja. Son jóvenes que a menudo no superan los 18 años. En las calles de Barcelona no es raro encontrar a chicas y chicos de 15 o 16 años llevando la iniciativa en las manifestaciones y en los enfrentamientos con la policía. La gran mayoría ha nacido en el siglo XXI, y nada tienen que ver con “revolucionarios profesionales”, “antisistemas de origen europeo” y demás mitos que los medios han hecho circular estos días. De hecho, ojalá hubiera más grupos organizados metidos en el conflicto. Porque hoy por hoy casi todo el peso de la lucha, también a nivel represivo, está recayendo sobre unos jóvenes que pueden parecer “expertos” de cara al exterior, pero que realmente no tienen más armas que la voluntad, el entusiasmo, el ensayo/error, el adiestramiento del día a día, la improvisación, la información boca-oreja y mucha rabia acumulada. Los tutoriales de Internet, el aprendizaje sobre el terreno y puede que un breve consejo de algún veterano aislado, están haciendo más por mantenerlos seguros y a salvo que ninguno de esos fantasmagóricos grupos bien financiados (aún nadie me ha contestado a cuánto se paga el contenedor en llamas) con los que todavía nadie se ha encontrado. La espontaneidad está marcando gran parte de la lucha y también muchas de las acciones concretas, con todo lo positivo, pero también peligroso, que tiene esto.

Por otra parte, ¿qué es lo que mueve a esta juventud a tomar las calles? Sería excesivamente simplista y caricaturizador reducirlo todo al nacionalismo catalán. Sí, ciertamente ese factor está muy presente y se deja notar, desde las banderas a las consignas. Sin embargo, sólo un análisis de brocha gorda podría defender que el patriotismo es lo que mantiene al 100% de los manifestantes en pie de guerra. La realidad es mucho más compleja y tiene que ver bastante con las fisuras en la narrativa del Estado.

Durante décadas a varias generaciones (los que nacimos entre 1978 y la primera década del 2000) se nos ha dicho, y a veces convencido, de que en democracia podía defenderse cualquier idea, incluso la independencia, siempre y cuando fuera de forma pacífica. Este era el caballito de batalla contra la izquierda abertzale en los años más duros de ETA. El mantra ha seguido repitiéndose hasta nuestros días. Las censuras y detenciones arbitrarias por delitos de opinión podían ir fisurando el relato, pero en casi todas partes y ambientes ha seguido incuestionable. El 1 de octubre de 2017 se abrió una importante grieta con la brutal represión policial que sufrió Catalunya el día del famoso referéndum. Pero fue el pasado lunes 14 de octubre cuando la música dejó de sonar, el telón cayó y la máscara se rompió. Miembros de la alta burguesía, cargos públicos, de partidos y asociaciones, gente con miles de votantes y seguidores a sus espaldas, personas que siempre han ejercido de bomberos ante procesos callejeros que no pueden controlar, pacifistas ad nauseam, eran condenados por el Tribunal Supremo a penas de cárcel de entre 13 y 9 años por defender la independencia. Esta sentencia provocaba dos conclusiones muy claras: primera, el soniquete de que “todo vale en democracia mientras no se use la violencia” había caído al suelo hecho añicos y se llegaba a la deducción de que si te podían caer varios años de cárcel por no hacer nada, mejor que te cayeran por “hacer algo”; segunda, si el Estado español podía hacer eso con los “próceres” del catalanismo, ¿que no podría hacer con el resto? Hay veces que la sensación de amenaza, de un terror que se abalanza sobre nosotros, nos lleva a recluirnos; otras, a enseñar los dientes. Es en esto último en lo que está la juventud catalana.

Muchos de estos jóvenes acompañaron a sus padres a votar el famoso 1-O, y los vieron sangrar, con las manos en alto, mientras la policía los apaleaba impunemente. El relato pacifista de sus mayores se había disuelto y ya no había forma de recomponerlo. Los pasos dados por el Estado español y su aparato policial-judicial han tenido mucho que ver, por tanto, con esta inversión de la corriente. Dinámica de la que tampoco escapan la Generalitat y los partidos independentistas, de derecha a izquierda. El fenómeno de la “independencia en diferido”, los paripés y proclamaciones simbólicas que evidenciaban más miedo a un pueblo catalán sin riendas que al propio Estado español, han hecho que el manifestante actual, incluso el independentista, sienta cada vez mayor aversión por unas instituciones y unos partidos cuyo prestigio se deteriora a pasos agigantados.

Sin embargo, ni siquiera esto abarca todas las motivaciones. En las manifestaciones hay también muchos jóvenes sin futuro, sin empleo, migrantes, cabreados por una Barcelona cada vez más inhabitable, concebida para ser consumida y no vivida. Jóvenes que antes de la sentencia ya estaban hartos de que los mossos les registraran y detuvieran por su color de piel. Jóvenes con empleos precarios que se lamentaban por tener que abandonar una manifestación o un corte de carretera porque tenían que entrar a trabajar en una feina de merda. Cuantos más de estos jóvenes se sumen al conflicto más se incidirá y profundizará en los aspectos sociales del mismo.

La actuación de la policía, tanto la nacional como los mossos, está deliberadamente forzando la radicalización de la situación. Más allá de lo visto en redes sociales (pelotazos de goma directamente al cuerpo, atropello de manifestantes, palizas a ancianos, pisar a detenidos en el suelo, porrazos en la nuca, detenciones arbitrarias, cargas indiscriminadas, persecuciones mientras lanzan carcajadas de psicópata por el megáfono de un coche patrulla, 4 personas tuertas por los citados pelotazos de FOAM), he podido comprobar personalmente la provocación sistemática empleada como táctica policial: he visto a mossos haciéndome directamente una peineta mientras pasaba a su lado; les he escuchado mandar a la gente “a tomar por culo con su jodida república”, en perfecto castellano, intentado marcar las sílabas, tanto como fuera posible, para intentar que un idioma se convierta, de por sí, en un insulto; les he visto abrir una barrera policial, con 100 metros de tierra de nadie a sus espaldas, en pleno prime time televisivo, para permitir que un “agente provocador” lanzara a la masa concentrada gritos de “¡arriba España!”, en un burdo intento de propiciar una agresión colectiva que justificara la carga de los antidisturbios. Todo esto, desde luego, no es casual y debe responder a una estrategia bien pensada. No obstante, es imposible mantener permanentemente la táctica de la tensión. Es verdad que a veces la cuerda cede, pero también es cierto que a veces se rompe con una sacudida violenta. Las consecuencias, entonces, no pueden preverse.

El conflicto, en síntesis, tiene algunos aspectos que desde el punto de vista subversivo (lo siento, pero no tengo otro) marca un antes y un después: la ruptura emocional de la gran mayoría de los manifestantes con el Estado español es prácticamente absoluta; aunque el divorcio con las instituciones y partidos catalanes, y con sus plataformas sociales, aún no es completo, entre los jóvenes crece el descontento y se dan los primeros síntomas de separación; el mito de la nostra policia, reforzado especialmente tras los atentados de las Ramblas del 17 de agosto (2017) y del 1-O, se resquebraja la primera semana de protestas después de todo lo relatado; la línea roja marcada por el pacifismo empieza a desdibujarse y la censura de acciones hipócritamente consideradas “violentas” se considera fuera de contexto en círculos cada vez más amplios (es complicado considerar violento la quema de un contenedor1 cuando cada día de movilización arroja uno o dos manifestantes mutilados).

A pesar de que estos disturbios suponen un punto y aparte (aún es pronto para valorar su magnitud en nuestra historia contemporánea, pero ya podemos confirmar que ha roto ciertas barreras que por ejemplo nunca tocó el Movimiento 15-M), sería absurdo caer en idealizaciones. Por un lado supondría una exageración afirmar que detrás de todos los manifestantes hay una pulsión política o reivindicativa. Hay también un factor lúdico, de ocio, que, sin ser mayoritario, no es irreal. En ocasiones ese factor no está reñido con la solidaridad y el compromiso en la lucha callejera y, aunque parezca paradójico, estos elementos pueden llegar a compenetrarse de forma bastante natural. Sin embargo, la imagen de jóvenes con vasos de alcohol en la mano, haciéndose un selfie con sus parejas y amigos delante de una barricada en llamas, reduciendo los disturbios a un momento más de una noche de fiesta, no es sólo propaganda. Pero este es un fenómeno que guarda más relación con nuestro modelo social que con este conflicto concreto, de hecho, en una ciudad tan turistificada como Barcelona, he llegado a ver a familias de turistas asiáticos haciéndose fotos delante de contenedores volcados.

Otro elemento desconcertante es la aparente falta de un objetivo o plan concreto. Debe de haberlo, pero casi nadie parece conocerlo. Una pregunta común, en los cortes de carreteras, las manifestaciones y los propios disturbios era: “¿y ahora qué?”. Muchos eventos acaban convirtiéndose en un deambular sin rumbo fijo, ante la ausencia de una finalidad definida. De hecho a veces pensaba, seguro que ingenuamente, que el primer sujeto o colectivo que expusiera un programa estratégico con puntos asumibles se llevaría el gato al agua. Esta dinámica me hacía darle vueltas a dos cuestiones: primera, la necesidad, ya mencionada, de una hoja de ruta ajena a las instituciones y a las organizaciones que éstas manejan; segunda, preguntarme dónde estaban “los míos”, las organizaciones y colectivos anarquistas.

Seguramente deben de haber muchas individualidades desparramadas en cada movilización, pero eché en falta la presencia coordinada de los grupos libertarios. Los compañeros anarquistas con los que traté me explicaron que esto era muy difícil dada la configuración atomizada del movimiento anarquista de la ciudad. Aún así me extrañó que, ante acontecimientos de tanto calado social y político, no surgiera un rudimentario acuerdo de mínimos. Ojalá las mentiras de la prensa, sobre el fuerte peso de los anarquistas en las protestas, se aproximaran a la verdad.

Si algo nos enseñó el 15-M es que los movimientos políticos siempre rinden cuentas ante la historia. El 15-M no fue un movimiento revolucionario y estuvo muy lejos, como el actual movimiento catalán, de ser perfecto y estar exento de contradicciones (para eso habrá que esperar al Paraíso revolucionario). Sin embargo, allá donde los anarquistas participaron las ideas libertarias bien definidas confluyeron con las intuitivas, el movimiento anarquista creció o se fortaleció (ejemplo es la FAGC en Gran Canaria) y pudo dejar su impronta en los acontecimientos. Donde el anarquismo se inhibió, si no tenía de por sí demasiada vida autónoma previa, acabó siendo representado como un conjunto de inútiles cascarrabias únicamente interesados en perorar y en poner palos en la rueda del movimiento. Proyectarse, no como un movimiento de lucha social, sino como un grupúsculo puramente dialéctico, no puede hacerse sin pagar un precio histórico y social muy elevado.

Aquellos anarquistas, y miembros de la llamada izquierda en general, que hoy cargan contra la juventud catalana están cometiendo el mismo error que ya cometieron con el 15-M. Toda la vida hablando de tomar las calles y las plazas, de despertar y levantarse, de barricadas y disturbios, y cuando esto pasa les pilla con los pantalones bajados porque no ha habido una mínima preparación, ni siquiera una mínima convicción, de que se pudiera pasar de los discursos y las teorías abstractas a la realidad práctica. Cogidos por sorpresa, y sin mucho interés en moverse demasiado (ni a nivel de replanteamientos ideológicos ni de actividad inmediata), adoptan la cómoda postura de cuestionarlo todo pero sin hacer nada. Con esa actitud se están posicionando, tanto antes como ahora, como el ala derecha de los movimientos sociales, cuando no como el ala izquierda de los movimientos reaccionarios. No están comprendiendo a su juventud, reduciendo su propia ideología “revolucionaria” a un artefacto senil, pretérito, impracticable, que no arrastra ni una pizca de la utilidad que pudo tener en el pasado.

Lo mismo le ocurrió a algunos de la “vieja guardia” libertaria con los jóvenes que protagonizaron el Mayo del 68. Eran incapaces de analizar una explosión social de ese tipo –que no habían organizado directamente ellos, sino la nueva generación militante– sin quitarse las lentes de sus planteamientos clásicos. Podían entender que las banderas negras volvían a las calles y reconocían que el interés por lo libertario estaba resurgiendo, pero eran incapaces de comprender enteramente el proceso, de sentir afinidad por unos jóvenes tan diferentes de sus antecesores y por un lenguaje completamente nuevo. Por eso trataban a los protagonistas de las luchas con cierto desdén y adultismo, considerando que su radicalismo se curaría con la edad2. Esto, aunque a la larga pudiera ser cierto, no es nunca una buena forma de acercarse a un proceso. Lo lamentable y paradójico es que muchos de los que participaron en el Mayo del 68 juzgan hoy a la juventud catalana con la misma severidad con la que se les enjuició a ellos entonces. Al final los jóvenes les dirán lo mismo que ellos dijeron en su día a otros censores: “[…] preferimos trabajar en acuerdo con centenares de revolucionarios que, sin llevar la etiqueta de anarquistas, lo son para nosotros mucho mas que ciertos burócratas”3.

En definitiva, hemos de huir de estas actitudes como de la peste. El anarquismo debe aprovechar estas situaciones para mostrarse práctico y resolutivo, como una opción de desbloqueo real en las reflexiones y en las calles. Ojalá todas las energías que se invierten en discusiones bizantinas sobre entelequias se invirtieran en desarrollar una hoja de ruta, un programa, entendible y asumible, que viniera a proponer cosas tan concretas como que los disturbios no cesarán hasta que no haya una amnistía que abarque no sólo a los presos del procés sino a todos los detenidos estos días (inasumible para el Estado español, pero al menos marca un objetivo) y se empezaran a generar las estructuras necesarias para mantener la tensión un tiempo indefinido. Si somos incapaces de generar algo tan “macro”, quizás sería interesante concentrarnos en diseñar una estrategia de objetivos concretos en las movilizaciones. Tomar un espacio, ocupar una institución, colapsar un recurso, como pasó con el aeropuerto de El Prat el primer día de movilizaciones, es un objetivo claro, con principio y fin. La dinámica de “barricada-carga policial-correr” y vuelta a empezar puede ser muy útil a nivel de aprendizaje y de generar músculo revolucionario, pero es muy difícil mantenerla durante prolongados períodos de tiempo. Los jóvenes que están en esto por ese aspecto lúdico que comentaba antes, abandonarán las calles cuando la cosa deje de ser “divertida”. Los jóvenes con compromiso político y los que se mueven por motivos sociales, sí seguirán ahí cuando la “novedad” se acabe, pero un movimiento no puede sobrevivir asumiendo un coste tan elevado a niveles represivos. Con una media de 30 detenciones al día (200 detenidos en 6 días) se corre el peligro de agotarse. Es por eso importante replantearse la táctica y la estrategia, en qué incidir y qué cambiar.

Y si no estamos para reflexionar sobre nada de esto, es importante que al menos estemos en las calles, que se note nuestra presencia, no renunciar a la propaganda por el hecho. Desde fuera puede parecer que carece de importancia, pero estar ahí, y no renunciar al discurso propio, es vital. Y lo he podido comprobar personalmente. De lo más pequeño a lo más grande, en cualquier momento puedes ahondar en un conflicto, radicalizar una situación, mostrar eficacia o experiencia. Tu comportamiento habla más de tu propuesta política y social que ningún discurso. Cuando un grupo de manifestantes se sientan y empiezan a entonar de nuevo el “som gent de pau”, es importante que una presencia discordante les recuerde que sentados invitan a que carguen y que dejan expuesta una zona del cuerpo tan sensible como la cabeza. Cuando los cánticos capacitistas y machistas se abren paso, es necesario romper esa dinámica e introducir consignas anticapitalistas o libertarias que sirvan de contrapeso. Cuando un grupo de jóvenes corren descamisados y a cara descubierta huyendo de las sirenas, es difícil que se olviden del militante anarquista que les hizo un tutorial in situ sobre cómo taparse completamente el rostro y la cabeza con las camisetas que colgaban de sus cinturas. Cuando los ánimos están inflamados después de cantar Els segadors, no está de más recordar a quienes te rodean que la letra de ese himno la compuso un antiguo anarquista llamado Emili Guayavents (1899) y que de ahí viene lo de: “com fem caure espigues d’or/quam convé seguem cadenes4 y disfrutar de cómo los pibes y pibas que te han escuchado empiezan a comentar el dato. Cuando un fascista se embosca para reventar una manifestación, puede suponer un cambio de perspectiva entre los presentes que sea un anarquista el primero en detectar la jugada y en expulsar al “agente provocador”. Todo esto, aunque apenas suponga una minúscula gota más en la corriente, es importante para alimentar el cauce y empujarlo fuera de las aguas mansas.

Lo repito: no estamos ante una revolución, ni estamos tampoco ante una lucha perfecta. Ninguna lo es, ninguna lo será. Los agoreros que en cada revuelta o movilización social denuncian que “no durará”, que “fracasará” o que “no es una revolución integral”, siempre tienen y van a tener razón. La tienen ahora con respecto a los disturbios de Catalunya, la tuvieron hace poco en relación al 15-M, la tuvieron hace mucho cuando hablaban del Mayo del 68, pero también la habrían tenido si hubieran estado vivos el 19 de Julio de 1936 y hubieran podido recorrer las calles de Barcelona. Todas las revoluciones y conatos de revoluciones que se han producido, a lo largo de la historia de la humanidad, o han fracasado o han sido traicionadas, y muchas de ellas han sido lo suficientemente parciales como para que el término revolución les quede, tal vez, demasiado grande. Los agoreros no aciertan porque sean unos “genios clarividentes”, lo hacen porque su horizonte analítico tiene, en realidad, la misma complejidad que la de recordarnos que todos vamos a morir5. La cuestión es si, conociendo esa obviedad, el alto porcentaje de fracaso, desmovilización y represión que nos espera, merece la pena moverse, tensionar la situación, ganar peso, experiencia y número de cara al futuro, llevar los acontecimientos hasta sus límites, luchar sin idealizaciones ni esperanzas vagas o, por el contrario, quedarse cruzados de brazos, criticando desde la distancia, y esperando a que nos llegue la muerte. Como decía Simone Weil: “no me gusta la guerra, pero en la guerra siempre me pareció que lo más horrible era la situación de los que permanecían en la retaguardia”6.

Al regresar de Barcelona una compañera del Sindicato de Inquilinas me preguntó: “al final, los que están en las calles, ¿quiénes son? ¿Son independentistas o son antisistema?”. Y le tuve que contestar lo que vi: son pueblo, simplemente pueblo, un pueblo que está empezando a perder el miedo. Esa es la verdad sobre las llamas de Barcelona.

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1 La táctica de la criminalización ha tratado, como siempre, de arrastrar a la gente por las tripas, y los medios no han parado de difundir las cifras del Ayuntamiento de Barcelona que estima en un millón y medio de euros el gasto por los contenedores quemados. La reacción de mucha gente ha sido la de no explicarse como un Ayuntamiento puede comprar a un precio tan elevado unos simples contenedores. ¿Se los compra acaso a Swarovski?

2 Para conocer más sobre el conflicto ideológico y generacional que supuso el Mayo del 68 dentro del movimiento libertario, es recomendable leer el capítulo (“1968. La revuelta antiautoritaria en Europa” pp. 219-246) que Octavio Alberola y Ariane Gransac le dedican a dicho acontecimiento en su libro El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1974) (2004, Ed. Virus). En dicho libro también se explica que el desencuentro se escenificó ostensiblemente en el Congreso Anarquista de Carrara (Italia) de 1968. Para más información sobre dicho congreso y sus cuitas internas recomiendo el artículo de Luis Nuevo “Congreso Anarquista Internacional de Carrara de 1968. El anarquismo delante del espejo” para la Redacción de Noticias de Alasbarricadas.org (http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/40594).

3 Escrito de los editores de Noir et Rouge leído en el citado Congreso de Carrara, ibíd.

4 “Como hacemos caer espigas de oro/cuando conviene segamos cadenas”.

5 En realidad, nadie conoce la fórmula exacta para que una revuelta vaya a más y pueda amenazar con transformar verdaderamente las cosas. De hecho, es casi imposible de prever. Como explica Éric Hazan en el capítulo “Politización” (pp. 21-42) de su ensayo La dinámica de la revuelta (reeditado este mismo octubre del 2019 por Virus Editorial), ni siquiera el nivel de politización del pueblo es un factor clave para ello. Hubo momentos históricos en los que las revoluciones fueron más provocadas por el hambre y la desesperación que por la politización de las masas (Francia 1789, Rusia 1917), otros en los que politización confluyó con factores económicos y sociales (España 1936) y otros donde a pesar del alto nivel de politización no ocurrió nada a efectos revolucionarios (Italia en la década de los 70). La revolución es y será siempre un campo abierto a la experimentación, donde la historia sirve de pista pero no de brújula.

6 En H.M. Enzensberger, El corto verano de la anarquía, 1998, p. 170, Ed. Anagrama.

anti-represion Biarritz.

brochesp.pdf

brochesp.pdf (363,67 KiB)
La resistencia se organiza contra el G7, contra la asociación
de delincuentes de primer rango que se reunirán en Biarritz.
Contra la ofensiva de un poder movido por un semejante
desprecio, es necesario prepararse para cualquier eventuali-
dad. No es posible que pensemos sobre la época que vivimos
sin pensar en la represión que la caracteriza. Por esta razón,
un colectivo de voluntarixs se ha movilizado para organi-
zarse contra la represión e intentar de defendernos de la
mejor manera a las instituciones y sus órdenes……
Mira també:
http:// https://g7borroka.info/

[#G7Biarritz]: Primeras expulsiones y 5 detenciones.

Si la semana pasada ya nos enterábamos de cómo se expulsaba de territorio francés “preventivamente” a un periodista alemán de la radio RDL hasta que terminase la cumbre (https://paris-luttes.info/g7-de-biarritz-un-militant-et-12483?lang=fr), hoy se conocen las primeras detenciones de cinco activistas “de extrema izquierda” que estaban preparando una acción contra un hotel requisado por los militares en el G7.
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El caso del militante y periodista de origen alemán ya de por sí resulta vulnerador de todo derecho a la presunción de inocencia: una patrulla de la Brigada Anti-Crimen (BAC) paró su vehículo en un control de carretera en el departamento de Côte-d’Or en Borgoña- Franco Condado. La persona es arrestada, puesta bajo custodia por “verificación del derecho de residencia” sin más explicaciones y tras pasar 22 horas en una celda de expulsión, se reveló el “vínculo” con el G7. En la tarde del 9 de agosto se produjo un viaje frenético con luces intermitentes hacia la frontera de Kehl hacia donde fue expulsado con prohibición de volver al país hasta el 29 de agosto. El activista, que según los documentos se supone que es parte de la escena ultraizquierdista, es “sospechoso” de posibles delitos presuntamente cometidos en el contexto del G20 en Hamburgo y la protesta contra el proyecto CIGEO en Lorena (manifestación contra el entierro de desechos radiactivos en el Mosa), fue puesto luego en libertad por el desinterés total de la Policía Federal Alemana en su procesamiento. El hecho de que la persona no tuviera pertenencias personales, documentos de identidad (requeridos en Alemania), dinero o ropa adecuada también era irrelevante para la improvisada “policía internacional”. El contexto de extender los poderes policiales a todos los niveles está obviamente lejos de ser suficiente para el ejecutivo: el castigo de los presuntos problemáticos y crimentales se está volviendo cada vez más independiente de un marco judicial.

Si bien el estado francés juega con la imagen de una “situación extraordinaria de peligro”, es casi imposible observar una proporcionalidad de los medios en esta expeditiva expulsión. En primer lugar, la persona en cuestión es un ciudadano alemán que trabaja en Francia y depende de su profesión en territorio francés. El hecho de que no haya un período de apelación, incluso si es habitual, solo puede justificarse por la amenaza existencial inmediata a la seguridad y el orden interno de la República. Los casos de sospecha mencionados por las autoridades investigadoras difícilmente pueden constituir una base legal para este propósito. Muchas otras medidas habrían sido aplicables. Pero la decisión del Ministerio del Interior, que ya se redactó el 18 de julio, no deja lugar a dudas: las voces críticas de la izquierda deben descartarse a toda costa, incluso si no se respeta una mínima proporcionalidad de los medios. Incluso la decisión de prohibir la estadía en el paísno se comunicó a la parte interesada aguas arriba. Se puede suponer que tales decisiones existen en muchos casos, por iniciativa de oficiales de policía de Hamburgo y otros aparatos represivos vinculados internacionalmente que están lejos de haber detenido su búsqueda de “euroanarquistas”.

Por su parte, los cinco activistas de los que hoy se conoce su detención en el día de ayer (https://www.lexpress.fr/actualite/societe/enquete/cinq-activistes-d-ultr), apuntaban a un hotel requisado por la Gendarmería en Biarritz. Fueron arrestados por los servicios de gendarmería en varios puntos del territorio, especialmente en París e Indre-et-Loire. “Son personas conocidas por inteligencia, a medio camino entre los chalecos amarillos y la ultraizquierda”, dice una fuente de L’Express. El caso está en manos del fiscal de Tours Grégoire Dulin, el ex asesor de los ministros de Justicia del Interior, Gérard Collomb, y luego Christophe Castaner. Uno de los activistas arrestados había sido visto en Facebook, donde incitó al paso a la acción contra un acantonamiento de gendarmes. Éste es el hecho que desencadenó la investigación. Según informa la Agence France-Presse (https://twitter.com/afpfr), sólo uno de ellos permanecería a estas horas aún bajo custodia mientras que otros cuatro ya estarían en libertad.

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/42018

Enlaces relacionados / Fuente:
https://paris-luttes.info/g7-de-biarritz-un-militant-et-12483?lang=fr

Mira també:
https://www.lexpress.fr/actualite/societe/enquete/cinq-activistes-d-ultra-gauche-arretes-avant-le-g7-a-biarritz_2095268.html?ut
https://sareantifaxista.blogspot.com/2019/08/bost-aktibista-antikapitalista.html

Indar Beltza se retira de la plataforma, pero no de la lucha contra la cumbre del G7.

En la reunión del jueves 13 de junio de 2019, el colectivo anarquista Indar Beltza decidió retirarse de la Plataforma de Organización Anti G7 – G7 EZ.

Obviamente conscientes de que la causa es suma e imperiosamente necesaria, consideramos que las condiciones de reunión y organización de la Plataforma G7 no muestran las condiciones reales sobre el terreno y evaden los parámetros peligrosos del evento debido al despliegue extraordinario de fuerzas represivas estatales en el territorio vasco. Por lo tanto, el Estado, a través de un corolario de la prefectura, responsabiliza a la Plataforma G7 EZ de la seguridad y la realización pacífica de manifestaciones desde Bayona a Irún durante el período de la cumbre y la ocupación del territorio.

Dado que para el Estado y sus representantes todo debe estar bajo control y suceder en un ambiente estrictamente “no violento”, defendido desde el principio por algunos signatarios de la Plataforma, ¡los líderes de la plataforma se apresurarán a condenar todo acto considerado “violento”! No nos dejamos engañar: la primera violencia es y será la ejercida por el estado con el pretexto de la seguridad en un contexto de lucha de clases.

Pregunta: ¿cómo se puede ser responsable de los actos de los demás?

Cada cual es libre de hacer lo que quiera, allí o donde quiera: eso es imposible de controlar. !! VIVA LO INCONTROLABLE !! Poner en marcha un evento fechado y localizado, inserto en un programa aprobado por las autoridades municipales, departamentales y ministeriales está ya sesgado desde el principio: el lugar de la contracumbre está completamente enclavado en el dispositivo. Por estas y otras razones (desacuerdo sobre la prioridad dada al clima, la naturaleza jerárquica de la organización de la plataforma, la opacidad de la comunicación a pesar de los acuerdos previos, etc.), Indar Beltza no puede aceptar participar en este tipo de cháchara y compromiso con los funcionarios estatales, determinando así su decisión de abandonar esta Plataforma. Sus miembros son libres de involucrarse individualmente. Por otro lado, es necesario que todos los camaradas de lucha estén informados de las condiciones y estrategias de ocupación de las fuerzas de represión en el territorio vasco y que no haya retención de la información sobre la realidad en el terreno:

– La zona de exclusión se extiende desde Dax hasta los Pirineos. Todos los hoteles y campings son inaccesibles porque ya los alquiló el Estado, del 15 de agosto al 15 de septiembre.

– Por un lado, el océano como frontera natural; por otro, el Adour y el río Nive como fronteras fluviales, con algunos puentes muy fáciles de bloquear.

– Bayona será puesto bajo el microscopio para evitar “desbordamientos”. Las cámaras de videovigilancia de alta precisión salpican el territorio. Las ciudades cercanas a Biarritz serán esterilizadas por las fuerzas represivas. El territorio se dividirá en entidades múltiples y aisladas, accesibles a través de pases limitados.

– Será posible acceder a los trenes sólo desde la frontera o desde Dax, imposibilitando cogerlo en cualquier otro punto del trayecto.

– Se establecen bases militares adicionales para controlar todo el territorio.

– Los campos deportivos y las escuelas quedan militarizados, las comunicaciones estarán estrictamente controladas (las redes de telefonía móvil deberán restringirse o suprimirse).

– El centro de detención para migrantes de Hendaya (600 a 700 plazas) servirá como lugar de custodia, la prisión de Bayona ha sido vaciada para permitir otras entradas y se han implementado otros arreglos. Una gran máquina para reprimir está ya constituida. Todos estos elementos y otros nos hacen temer grandes desbordamientos de las fuerzas de represión, especialmente después de 8 meses de movimiento de chalecos amarillos. Esta cumbre del G7 es el bebé de Macron, su escaparate internacional diplomático y mediático. No puede tolerar “desbordamientos”. De hecho, el territorio está completamente bajo control; la población de esta zona sin derechos está literalmente retenida como rehén por la ocupación militar. Es una humillación adicional para nosotros que el Estado esté tratando de destruir cualquier acto de resistencia a la opresión.

Tal despliegue de fuerza solo puede generar resentimiento que puede conducir a disturbios y violencia. Por lo tanto, cualquier “desbordamiento” será responsabilidad del estado y de aquellos que afirman ser políticos. Además, Indar Beltza, aunque se niega a colaborar en el falso acuerdo con el Estado, llama a todos los militantes anarquistas, con tendencias libertarias, sensibles a las ideas de equidad, igualdad, libertad y anticapitalistas, a una oposición y acciones firmes y resueltas contra este estado de cosas y esta negación de la democracia.

¡¡Somos ingobernables!!

¡¡NI DIOS NI AMO!!

¡ABAJO EL ESTADO Y TODAS LAS FORMAS DE AUTORIDAD!

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/42017

PRESXS EN LUCHA EN HUELGA DE HAMBRE ROTATIVA.

PRESXS EN LUCHA EN HUELGA DE HAMBRE ROTATIVA

Después de las últimas huelgas de hambre coordinadas secundadas por decenas de presxs en lucha de distintos puntos del Estado, se prepara una nueva iniciativa para el próximo septiembre. Se trata de una huelga de hambre rotativa, de 10 días por persona, con el objetivo de reivindicar 14 puntos, pero haciendo especial hincapié en la denuncia de la desatención sanitaria y el abandono médico, así como para pedir la excarcelación de lxs compañerxs presxs enfermxs.

Ya ha empezado la difusión de esta huelga de hambre que se va a iniciar a partir del 1 de septiembre. Ahora se trata de ir viendo cuantas personas se van sumando. Como siempre tendrán nuestro pleno apoyo desde la calle. A continuación, el cartel en castellano y en catalán que hemos hecho para empezar a difundir esta huelga.

FUEGO A LAS CÁRCELES

A continuación los 14 puntos de la tabla reivindicativa que exigen lxs compañerxs secuestradxs por el Estado:

  • 1. Erradicación de las torturas.
  • 2. Abolición de los FIES, del régimen especial de castigo y del aislamiento.
  • 3. Fin de la dispersión.
  • 4. Servicios médicos independientes de la autoridad carcelaria.
  • 5. Excarcelación de todas las personas presas con enfermedades graves.
  • 6. Que las personas con problemas de salud mental no estén en las cárceles.
  • 7. Que la administración de metadona y fármacos psiquiátricos vaia acompañada de grupos de apoyo y terapeutas independientes.
  • 8. Esclarecimiento y delimitación de responsabilidades por lxs compañerxs asesinadxs en la cárcel desde que empezó lo que llaman “democracia”.
  • 9. Aulas, talleres y actividades también para lxs presxs que tachan de “irrecuperables”.
  • 10. Que no se utilice el tratamiento y los “módulos de respeto” para chantajear a lxs presxs con supuestos beneficios penitenciarios.
  • 11. Cese de los cacheos integrales a familias y visitas, de los rayos X. Que se pueda comunicar por cualquier vía sin limitación ni requisitos burocráticos.
  • 12. Que no se criminalice la solidaridad. Lxs presxs y los grupos de apoyo somos uno.
  • 13. Contra la cadena perpetua revisable y encubierta. Por la reinstauración de la reducción de penas.
  • 14. Contra la indefensión jurídica.