autogestió

COMUNICADO DE LA REDACCIÓN de antagonistas.

Ante la situación actual, y la inminente entrada en vigor del Estado de Alarma, Antagonistas considera:
1. Que la pandemia provocada por la extensión del virus COVID-19 debe ser interpretada como una consecuencia a escala planetaria del colapso ecológico producto de la aceleración destructora del modo de producción capitalista y su necesidad permanente de fagocitar los recursos naturales del planeta.
2. Que la declaración del Estado de Alarma por parte del gobierno español supone la manifestación más evidente del autoritarismo, el control social y la represión inherente a los ordenamientos jurídicos propios de las llamadas democracias representativas, de los Estados de derecho. Frente a esto, consideramos que la emancipación individual y colectiva, autónoma y desjerarquizada, es substancialmente antagónica a la forma Estado-Nación y su racionalidad burocrática.
3. Que el eventual colapso del sistema público de salud, es decir, la incapacidad de atender a un creciente número de personas afectadas por el virus, se debe, en su mayor parte, a la degradación de la sanidad de acceso gratuito y universal –cuyo modelo es ciertamente mejorable- y la sistemática desinversión por parte de los entes gubernamentales competentes, durante la última década y media. El caso de Catalunya es especialmente grave, a la vez que paradójico, pues el crecimiento de la sanidad privada, desde 2010 con Boi Ruiz (CiU) a la cabeza, ha corrido de forma paralela al procés soberanista y los deseos de constituir un Estado independiente por parte del nacionalismo político ascendente.
4. Que en el ámbito laboral, la crisis del COVID-19 está sirviendo de excusa para que las instancias gubernamentales, patronales y sindicatos colaboracionistas aseguren el redoble de la explotación económica y la precarización sobre la clase trabajadora. Los más vulnerables, como suele suceder, sufren las crisis de forma multidimensional.
5. Que todo lo anterior se conjuga para evidenciar la desgraciada hegemonía de una carácter social patológico, neurótico, narcisista y profundamente individualista entre la población. Esto ha provocado la rápida aparición del fenómeno de la vigilancia interior –característico del fascismo y que nos retrotrae a los trágicos años 30 del siglo XX en Europa- y el control social por parte de la población civil sobre ella misma, temerosa ante la pérdida de un falso bienestar material proporcionado por el consumo compulsivo, la competencia laboral atroz, el culto al trabajo asalariado, la centralidad del dinero y el dominio de la lógica mercantil sobre todas las esferas de la vida.
6. Que aquellas personas preocupadas por la emancipación consciente y la consecución de cambios radicales, disruptivos, en nuestras condiciones de existencia, no debemos renunciar en ningún caso a la crítica, la denuncia y el combate de cualquier forma de totalitarismo, dogmatismo ideológico, propaganda o represión política, independientemente de quien la ejerza.
En coherencia con todo lo dicho anteriormente, llamamos a la autorganización autónoma de la clase trabajadora y el conjunto de personas en situación de vulnerabilidad socioeconómica, con objeto de articular una respuesta antagonista al nuevo escenario de represión institucional iniciado durante estos días en el Estado español.
En Granollers, Castellfollit de la Roca, Girona, Roses y Barcelona, a 15 de marzo de 2020.
La redacción de Antagonistas.org

Hacia la huelga general del 30 de enero en Euskal Herria.

Los sindicatos ELA, LAB, ESK, Steilas, EHNE, Etxalde, Hiru, CNT y organizaciones juveniles, feministas, ecologistas y de pensionistas convocan a sus 200.000 militantes y al conjunto de la clase trabajadora a una huelga general ofensiva sobre “pensiones, salarios y vida digna”. SINDIKALAGENDA : Urtarrilaren 28tik aurrera

https://www.elsaltodiario.com/lanaren_ekonomia/hacia-la-huelga-general-del-30-de-enero-en-euskal-herria

La Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria convoca el próximo 30 de enero huelga general en las comunidades autónomas del País Vasco y Navarra bajo la consigna “pensiones, salarios y vida digna”. La plataforma agrupa a los sindicatos ELA, LAB, ESK, Steilas, EHNE, Etxalde e Hiru, así como movimientos sociales impulsados por organizaciones juveniles, feministas, ecologistas o de pensionistas. A esta huelga también se adhiere el sindicato CNT. Todas estas organizaciones sindicales y movimientos sociales agrupan y representan a por lo menos 200.000 militantes en Euskal Herria.

“La huelga debe entenderse en clave ofensiva, va más allá de las anteriores huelgas generales que solo buscaban aplacar reformas neoliberales”

La convocatoria de huelga se anunció el pasado 23 de octubre de 2019, es decir mucho antes que estuviera conformado ningún gobierno en el estado, ni tan solo celebradas las últimas elecciones. Por lo tanto, la huelga debe entenderse en clave ofensiva, pues va más allá de las dinámicas de las anteriores huelgas generales en el Estado que solo buscaban aplacar reformas neoliberales. Esta vez, la tenacidad del movimiento de pensionistas ha sido el motor de la mayoría sindical y militancia social vasca, uniendo las diferentes reivindicaciones bajo un marco común determinado: impulsar un cambio de política económica para la redistribución de renta y riqueza, así como una defensa firme de la igualdad de género y sostenibilidad de las condiciones de trabajo y vida. Quizás sea el hecho de que esta huelga no espera a que los gobiernos de turno decidan cuál es el rumbo que nuestra sociedad debe seguir lo que ha generado mayor crispación y rechazo entre ciertos actores sociales. Entender el programa y su trascendencia es necesario para disipar cualquier duda al respecto.

LANAREN EKONOMIA : BILBO HIRIA, HORDAGO ETA ARGIA ELKARLANEAN. IRRATI SAIOA HEMEN 

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¿QUÉ SE DEFIENDE CON LA HUELGA GENERAL?

Las reivindicaciones tienen como objetivo configurar un marco vasco de relaciones laborales y de protección social más garantista, en tanto en cuanto es en este territorio donde los movimientos reivindicativos nacen y al cual buscan establecer una serie de políticas transformadoras concretas.

Las reivindicaciones principales en el ámbito laboral se centran en: (i) conseguir un salario mínimo de 1.200 euros mensuales; (ii) rebajar la jornada laboral máxima a las 35 horas semanales y elevar la mínima a 20 horas en contratos parciales; (iii) garantizar la subrogación en el empleo subcontratado; (iv) reducir la precariedad a través de medidas reales contra la brecha salarial, la salud laboral o los contratos temporales; y (v) reformar el Estatuto de Trabajadores para garantizar la ultraactividad indefinida de los convenios y la prioridad aplicativa territorial sobre los estatales, permitiendo solo mejorar las condiciones en los ámbitos inferiores. Todas estas reivindicaciones van dirigidas tanto a las patronales Confebask y CEN, como a los gobiernos vasco, de navarra y del estado en tanto pueden aplicarlo en sus propios ámbitos de gestión.

La Carta de Derechos Sociales también trata los problemas relacionados con las pensiones y las políticas de redistribución de la riqueza. En relación a las pensiones, por ahora de competencia estatal, se plantea: (i) volver a la edad de jubilación de 65 años; (ii) tomar los últimos 15 años para el cálculo, previo a la reforma de 2011; (iii) subirlas al menos con el IPC anualmente; y (iv) establecer una pensión mínima de 1.080 euros, pudiendo los gobiernos vasco y de navarra complementar las pensiones mínimas cuando sea necesario. Para estos gobiernos concretamente se dirigen las reivindicaciones en torno a las rentas de garantía y cobertura universal de las personas en situación de dependencia, pidiendo que la RGI y RG: (i) se sitúen en el 100% del SMI; (ii) con un aumento del 50% del SMI para el caso de las unidades convencionales de dos personas y de un 50% adicional para las de 3 o más componentes.

Todas estas reivindicaciones lo han sido también de la izquierda parlamentaria vasca en los últimos años, objetivos tanto para el sector privado, como para el sector público y subcontratado, mientras las patronales y gobiernos vasco, navarro o español se han opuesto sistemáticamente a ellas. Una aplicación de todas estas medidas, no solamente supondría una mejora importante en las condiciones de trabajo y vida de las personas trabajadoras y pensionistas en los territorios dónde se convoca la huelga, sino que también establecen unos objetivos de lucha de referencia a corto plazo imprescindibles para otros territorios del estado. El objetivo pues, no es dividir, sino aunar fuerzas bajo marcos de referencia comunes más ambiciosos.

Defender salarios dignos, en sentido amplio, es imprescindible para reconocer socialmente el trabajo de las personas, si no, un trabajo mal pagado reproduce la precariedad laboral y abandona a muchas personas al ostracismo y esclavitud por unos pocos euros.

“La huelga general interpela directamente a las patronales Confebask y CEN para la firma de un Acuerdo Interprofesional de materias concretas con aplicación obligatoria”

Así, las organizaciones convocantes presentan sus reivindicaciones a los diferentes gobiernos en función de las diferentes competencias que poseen sobre el territorio para influir directamente en ellas. La única forma de gobierno contra el cual esta movilización no ha concretado ninguna reivindicación ha sido la Unión Europea. Además, en cuanto a las partes destinatarias, la movilización interpela directamente a las patronales Confebask y CEN para la firma de un Acuerdo Interprofesional de materias concretas con aplicación obligatoria, a diferencia de los acuerdos derivados del diálogo social para la negociación colectiva que no lo son, y que supla la imposibilidad legislativa vasca en el sector privado en cuatro puntos importantes: (i) salario mínimo de 1.200 euros, (ii) jornada de 35 horas y mínima de 20 horas a tiempo parcial, (iii) derecho de subrogación para el personal de las subcontratas y (iv) medidas concretas para acabar con la brecha salarial que sufren las mujeres.

RENOVACIÓN SINDICAL A TRAVÉS DE LA HUELGA GENERAL

La huelga general no solamente plantea elementos novedosos, de renovación sindical en los contenidos reivindicados con la incorporación y la defensa de los salarios en todas sus dimensiones incluidas las pensiones, sino también con la incorporación al proceso organizativo de movimientos pensionistas, feministas y juveniles, profundizando dicha alianza impulsada en las anteriores seis huelgas generales convocadas en contexto de crisis económica del ciclo 2009-2013, las huelgas feministas de 2018 y 2019 o la reciente huelga del sector del metal de Bizkaia en 2019. El ciclo de huelgas generales post-crisis abierto por las huelgas feministas y en defensa del clima, trasciende la división sindicatos / movimientos sociales profundizando la alianza entre las diferentes organizaciones y sensibilidades, crucial a la hora de establecer movimientos contra-hegémonicos con implante social. Por ejemplo, para esta huelga general se han creado más de 170 comités de huelga en pueblos y ciudades del país, cómo en los barrios de las principales capitales – Bilbo, Gasteiz, Donosti e Iruña – y en los principales pueblos y ciudades de las comarcas, con el objetivo de realizar los preparativos para la jornada de huelga y difundir la misma por todo el territorio. De la misma manera, las organizaciones sindicales han realizado sucesivas reuniones con sus militancias para impulsar la huelga, llegando a adherirse a la misma más de 1.500 empresas y administraciones.

Es importante subrayar que esta huelga general ha recibido múltiples apoyos de organizaciones sindicales y sociales fuera del ámbito vasco de convocatoria, generando a su vez una dinámica de oportunidad de trabajo sindical en común y movilización de apoyo a las reivindicaciones planteadas en Euskal Herria.

Es el caso de Catalunya dónde los sindicatos CGT, CNT, Solidaridad Obrera, COS, IAC y Cobas que agrupan decenas de miles de militantes, han llamado a iniciar un ciclo de lucha en común empezando con el apoyo a esta huelga general, promoviendo diferentes acciones y manifestaciones en varias ciudades catalanas. También en otras ciudades del estado se han convocado concentraciones y manifestaciones de apoyo con participación del movimiento de pensionistas, como en Pais Valencià -València- (Intersindical, CGT, CNT), Galicia (CIG), Aragón -Zaragoza- (OSTA, CGT, CNT), Asturies -Oviedo y Gijón- (CSI, CGT, SUATEA, CNT), Andalucía -Sevilla, Granada, Málaga- (SAT, CGT, CNT, USTEA, Cobas y partidos de izquierdas) o Madrid (Plataformas de pensionistas, CGT, CNT, Solidaridad Obrera, Cobas y partidos de izquierdas). Además, alrededor de 200 militantes sindicales de diferentes organizaciones de todo el estado han firmado un manifiesto promovido por la plataforma “Sindicalistas de Izquierda” en apoyo a esta huelga general.

“Esta convocatoria de huelga general ha generado una dura oposición por parte del poder económico y político vascos”

Esta convocatoria de huelga general ha generado una dura oposición por parte del poder económico y político vascos, aunque también por parte de organizaciones que supuestamente defienden los objetivos y plataforma reivindicativa planteada. Esta huelga general marca una línea de acción diferenciada entre, por una parte, un sindicalismo de contrapoder con la capacidad de transformación necesaria en los contextos actuales y, por otra parte, otro sindicalismo de concertación y dialogo social subyugado a la política sistémica. La diferencia entre una política económica del trabajo frente a la política económica del capital.

La verdadera Barcelona en llamas.

https://ellokal.org/la-verdadera-barcelona-en-llamas/
por Ruymán Rodríguez (FAGC)

Se han escrito, pensado y dicho tantas mentiras sobre los disturbios de Barcelona, que si llegaran a materializarse podrían verse desde el espacio con mucha más facilidad que la Gran Muralla China.

No me cuesta suponer que muchos de los que reproducen esas mentiras o bien no han pisado Catalunya desde que el lunes 14 de octubre se hacía pública la sentencia del procés y empezaban las movilizaciones o, si la han pisado, no se han enterado de nada. Pero estoy convencido de que los autoproclamados “profesionales de la información”, que sí la han pisado, que sí se han enterado de todo y que aún así intoxican deliberadamente, lo hacen respondiendo a los mandatos directos del poder y a una bien definida estrategia propagandística. Lo lamentable es descubrir que gran parte de la izquierda politizada, con sus columnas de opinión, comunicados, colectivos, sedes y asambleas, parecen estar analizando la realidad a través de dicha propaganda mediática.

La realidad de esta última reedición de La Rosa de Foc tiene muy poco que ver con lo que nos han contado o mostrado. Por un lado, uno esperaría al llegar a Barcelona encontrarse con una ciudad colapsada, con la “gente de orden” metida en su casa y la vida urbana completamente paralizada. La realidad, por el contrario, es que la gran mayoría de habitantes sigue con sus rutinas y hábitos callejeros normales. Esto no quiere decir, necesariamente, que no les interese lo que está pasando en su ciudad, ni que sean ajenos al conflicto. Al contrario, es el tema de conversación constante y es imposible saber si el vecino que apura un vermú en una terraza no está haciendo tiempo para sumarse a una movilización esa misma tarde. De hecho, es raro ver a alguien alarmarse por oír un pelotazo de goma a lo lejos o por ver a manifestantes corriendo por las calles. No sabría decir si es una cuestión de desconexión entre ambas realidades o de costumbre, de haberse habituado a lo inhabitual.

Pero la gran mentira sobre las llamas de Barcelona va mucho más lejos, o al menos más a las vísceras. ¿Comandos internacionales bien organizados y bien financiados detrás de los disturbios? ¿Un movimiento exclusivamente nacionalista motivado por aspiraciones supremacistas? La realidad de las barricadas y de la calle no tiene nada que ver con eso.

En primer lugar, la media de edad de quienes están protagonizando las protestas es llamativamente baja. Son jóvenes que a menudo no superan los 18 años. En las calles de Barcelona no es raro encontrar a chicas y chicos de 15 o 16 años llevando la iniciativa en las manifestaciones y en los enfrentamientos con la policía. La gran mayoría ha nacido en el siglo XXI, y nada tienen que ver con “revolucionarios profesionales”, “antisistemas de origen europeo” y demás mitos que los medios han hecho circular estos días. De hecho, ojalá hubiera más grupos organizados metidos en el conflicto. Porque hoy por hoy casi todo el peso de la lucha, también a nivel represivo, está recayendo sobre unos jóvenes que pueden parecer “expertos” de cara al exterior, pero que realmente no tienen más armas que la voluntad, el entusiasmo, el ensayo/error, el adiestramiento del día a día, la improvisación, la información boca-oreja y mucha rabia acumulada. Los tutoriales de Internet, el aprendizaje sobre el terreno y puede que un breve consejo de algún veterano aislado, están haciendo más por mantenerlos seguros y a salvo que ninguno de esos fantasmagóricos grupos bien financiados (aún nadie me ha contestado a cuánto se paga el contenedor en llamas) con los que todavía nadie se ha encontrado. La espontaneidad está marcando gran parte de la lucha y también muchas de las acciones concretas, con todo lo positivo, pero también peligroso, que tiene esto.

Por otra parte, ¿qué es lo que mueve a esta juventud a tomar las calles? Sería excesivamente simplista y caricaturizador reducirlo todo al nacionalismo catalán. Sí, ciertamente ese factor está muy presente y se deja notar, desde las banderas a las consignas. Sin embargo, sólo un análisis de brocha gorda podría defender que el patriotismo es lo que mantiene al 100% de los manifestantes en pie de guerra. La realidad es mucho más compleja y tiene que ver bastante con las fisuras en la narrativa del Estado.

Durante décadas a varias generaciones (los que nacimos entre 1978 y la primera década del 2000) se nos ha dicho, y a veces convencido, de que en democracia podía defenderse cualquier idea, incluso la independencia, siempre y cuando fuera de forma pacífica. Este era el caballito de batalla contra la izquierda abertzale en los años más duros de ETA. El mantra ha seguido repitiéndose hasta nuestros días. Las censuras y detenciones arbitrarias por delitos de opinión podían ir fisurando el relato, pero en casi todas partes y ambientes ha seguido incuestionable. El 1 de octubre de 2017 se abrió una importante grieta con la brutal represión policial que sufrió Catalunya el día del famoso referéndum. Pero fue el pasado lunes 14 de octubre cuando la música dejó de sonar, el telón cayó y la máscara se rompió. Miembros de la alta burguesía, cargos públicos, de partidos y asociaciones, gente con miles de votantes y seguidores a sus espaldas, personas que siempre han ejercido de bomberos ante procesos callejeros que no pueden controlar, pacifistas ad nauseam, eran condenados por el Tribunal Supremo a penas de cárcel de entre 13 y 9 años por defender la independencia. Esta sentencia provocaba dos conclusiones muy claras: primera, el soniquete de que “todo vale en democracia mientras no se use la violencia” había caído al suelo hecho añicos y se llegaba a la deducción de que si te podían caer varios años de cárcel por no hacer nada, mejor que te cayeran por “hacer algo”; segunda, si el Estado español podía hacer eso con los “próceres” del catalanismo, ¿que no podría hacer con el resto? Hay veces que la sensación de amenaza, de un terror que se abalanza sobre nosotros, nos lleva a recluirnos; otras, a enseñar los dientes. Es en esto último en lo que está la juventud catalana.

Muchos de estos jóvenes acompañaron a sus padres a votar el famoso 1-O, y los vieron sangrar, con las manos en alto, mientras la policía los apaleaba impunemente. El relato pacifista de sus mayores se había disuelto y ya no había forma de recomponerlo. Los pasos dados por el Estado español y su aparato policial-judicial han tenido mucho que ver, por tanto, con esta inversión de la corriente. Dinámica de la que tampoco escapan la Generalitat y los partidos independentistas, de derecha a izquierda. El fenómeno de la “independencia en diferido”, los paripés y proclamaciones simbólicas que evidenciaban más miedo a un pueblo catalán sin riendas que al propio Estado español, han hecho que el manifestante actual, incluso el independentista, sienta cada vez mayor aversión por unas instituciones y unos partidos cuyo prestigio se deteriora a pasos agigantados.

Sin embargo, ni siquiera esto abarca todas las motivaciones. En las manifestaciones hay también muchos jóvenes sin futuro, sin empleo, migrantes, cabreados por una Barcelona cada vez más inhabitable, concebida para ser consumida y no vivida. Jóvenes que antes de la sentencia ya estaban hartos de que los mossos les registraran y detuvieran por su color de piel. Jóvenes con empleos precarios que se lamentaban por tener que abandonar una manifestación o un corte de carretera porque tenían que entrar a trabajar en una feina de merda. Cuantos más de estos jóvenes se sumen al conflicto más se incidirá y profundizará en los aspectos sociales del mismo.

La actuación de la policía, tanto la nacional como los mossos, está deliberadamente forzando la radicalización de la situación. Más allá de lo visto en redes sociales (pelotazos de goma directamente al cuerpo, atropello de manifestantes, palizas a ancianos, pisar a detenidos en el suelo, porrazos en la nuca, detenciones arbitrarias, cargas indiscriminadas, persecuciones mientras lanzan carcajadas de psicópata por el megáfono de un coche patrulla, 4 personas tuertas por los citados pelotazos de FOAM), he podido comprobar personalmente la provocación sistemática empleada como táctica policial: he visto a mossos haciéndome directamente una peineta mientras pasaba a su lado; les he escuchado mandar a la gente “a tomar por culo con su jodida república”, en perfecto castellano, intentado marcar las sílabas, tanto como fuera posible, para intentar que un idioma se convierta, de por sí, en un insulto; les he visto abrir una barrera policial, con 100 metros de tierra de nadie a sus espaldas, en pleno prime time televisivo, para permitir que un “agente provocador” lanzara a la masa concentrada gritos de “¡arriba España!”, en un burdo intento de propiciar una agresión colectiva que justificara la carga de los antidisturbios. Todo esto, desde luego, no es casual y debe responder a una estrategia bien pensada. No obstante, es imposible mantener permanentemente la táctica de la tensión. Es verdad que a veces la cuerda cede, pero también es cierto que a veces se rompe con una sacudida violenta. Las consecuencias, entonces, no pueden preverse.

El conflicto, en síntesis, tiene algunos aspectos que desde el punto de vista subversivo (lo siento, pero no tengo otro) marca un antes y un después: la ruptura emocional de la gran mayoría de los manifestantes con el Estado español es prácticamente absoluta; aunque el divorcio con las instituciones y partidos catalanes, y con sus plataformas sociales, aún no es completo, entre los jóvenes crece el descontento y se dan los primeros síntomas de separación; el mito de la nostra policia, reforzado especialmente tras los atentados de las Ramblas del 17 de agosto (2017) y del 1-O, se resquebraja la primera semana de protestas después de todo lo relatado; la línea roja marcada por el pacifismo empieza a desdibujarse y la censura de acciones hipócritamente consideradas “violentas” se considera fuera de contexto en círculos cada vez más amplios (es complicado considerar violento la quema de un contenedor1 cuando cada día de movilización arroja uno o dos manifestantes mutilados).

A pesar de que estos disturbios suponen un punto y aparte (aún es pronto para valorar su magnitud en nuestra historia contemporánea, pero ya podemos confirmar que ha roto ciertas barreras que por ejemplo nunca tocó el Movimiento 15-M), sería absurdo caer en idealizaciones. Por un lado supondría una exageración afirmar que detrás de todos los manifestantes hay una pulsión política o reivindicativa. Hay también un factor lúdico, de ocio, que, sin ser mayoritario, no es irreal. En ocasiones ese factor no está reñido con la solidaridad y el compromiso en la lucha callejera y, aunque parezca paradójico, estos elementos pueden llegar a compenetrarse de forma bastante natural. Sin embargo, la imagen de jóvenes con vasos de alcohol en la mano, haciéndose un selfie con sus parejas y amigos delante de una barricada en llamas, reduciendo los disturbios a un momento más de una noche de fiesta, no es sólo propaganda. Pero este es un fenómeno que guarda más relación con nuestro modelo social que con este conflicto concreto, de hecho, en una ciudad tan turistificada como Barcelona, he llegado a ver a familias de turistas asiáticos haciéndose fotos delante de contenedores volcados.

Otro elemento desconcertante es la aparente falta de un objetivo o plan concreto. Debe de haberlo, pero casi nadie parece conocerlo. Una pregunta común, en los cortes de carreteras, las manifestaciones y los propios disturbios era: “¿y ahora qué?”. Muchos eventos acaban convirtiéndose en un deambular sin rumbo fijo, ante la ausencia de una finalidad definida. De hecho a veces pensaba, seguro que ingenuamente, que el primer sujeto o colectivo que expusiera un programa estratégico con puntos asumibles se llevaría el gato al agua. Esta dinámica me hacía darle vueltas a dos cuestiones: primera, la necesidad, ya mencionada, de una hoja de ruta ajena a las instituciones y a las organizaciones que éstas manejan; segunda, preguntarme dónde estaban “los míos”, las organizaciones y colectivos anarquistas.

Seguramente deben de haber muchas individualidades desparramadas en cada movilización, pero eché en falta la presencia coordinada de los grupos libertarios. Los compañeros anarquistas con los que traté me explicaron que esto era muy difícil dada la configuración atomizada del movimiento anarquista de la ciudad. Aún así me extrañó que, ante acontecimientos de tanto calado social y político, no surgiera un rudimentario acuerdo de mínimos. Ojalá las mentiras de la prensa, sobre el fuerte peso de los anarquistas en las protestas, se aproximaran a la verdad.

Si algo nos enseñó el 15-M es que los movimientos políticos siempre rinden cuentas ante la historia. El 15-M no fue un movimiento revolucionario y estuvo muy lejos, como el actual movimiento catalán, de ser perfecto y estar exento de contradicciones (para eso habrá que esperar al Paraíso revolucionario). Sin embargo, allá donde los anarquistas participaron las ideas libertarias bien definidas confluyeron con las intuitivas, el movimiento anarquista creció o se fortaleció (ejemplo es la FAGC en Gran Canaria) y pudo dejar su impronta en los acontecimientos. Donde el anarquismo se inhibió, si no tenía de por sí demasiada vida autónoma previa, acabó siendo representado como un conjunto de inútiles cascarrabias únicamente interesados en perorar y en poner palos en la rueda del movimiento. Proyectarse, no como un movimiento de lucha social, sino como un grupúsculo puramente dialéctico, no puede hacerse sin pagar un precio histórico y social muy elevado.

Aquellos anarquistas, y miembros de la llamada izquierda en general, que hoy cargan contra la juventud catalana están cometiendo el mismo error que ya cometieron con el 15-M. Toda la vida hablando de tomar las calles y las plazas, de despertar y levantarse, de barricadas y disturbios, y cuando esto pasa les pilla con los pantalones bajados porque no ha habido una mínima preparación, ni siquiera una mínima convicción, de que se pudiera pasar de los discursos y las teorías abstractas a la realidad práctica. Cogidos por sorpresa, y sin mucho interés en moverse demasiado (ni a nivel de replanteamientos ideológicos ni de actividad inmediata), adoptan la cómoda postura de cuestionarlo todo pero sin hacer nada. Con esa actitud se están posicionando, tanto antes como ahora, como el ala derecha de los movimientos sociales, cuando no como el ala izquierda de los movimientos reaccionarios. No están comprendiendo a su juventud, reduciendo su propia ideología “revolucionaria” a un artefacto senil, pretérito, impracticable, que no arrastra ni una pizca de la utilidad que pudo tener en el pasado.

Lo mismo le ocurrió a algunos de la “vieja guardia” libertaria con los jóvenes que protagonizaron el Mayo del 68. Eran incapaces de analizar una explosión social de ese tipo –que no habían organizado directamente ellos, sino la nueva generación militante– sin quitarse las lentes de sus planteamientos clásicos. Podían entender que las banderas negras volvían a las calles y reconocían que el interés por lo libertario estaba resurgiendo, pero eran incapaces de comprender enteramente el proceso, de sentir afinidad por unos jóvenes tan diferentes de sus antecesores y por un lenguaje completamente nuevo. Por eso trataban a los protagonistas de las luchas con cierto desdén y adultismo, considerando que su radicalismo se curaría con la edad2. Esto, aunque a la larga pudiera ser cierto, no es nunca una buena forma de acercarse a un proceso. Lo lamentable y paradójico es que muchos de los que participaron en el Mayo del 68 juzgan hoy a la juventud catalana con la misma severidad con la que se les enjuició a ellos entonces. Al final los jóvenes les dirán lo mismo que ellos dijeron en su día a otros censores: “[…] preferimos trabajar en acuerdo con centenares de revolucionarios que, sin llevar la etiqueta de anarquistas, lo son para nosotros mucho mas que ciertos burócratas”3.

En definitiva, hemos de huir de estas actitudes como de la peste. El anarquismo debe aprovechar estas situaciones para mostrarse práctico y resolutivo, como una opción de desbloqueo real en las reflexiones y en las calles. Ojalá todas las energías que se invierten en discusiones bizantinas sobre entelequias se invirtieran en desarrollar una hoja de ruta, un programa, entendible y asumible, que viniera a proponer cosas tan concretas como que los disturbios no cesarán hasta que no haya una amnistía que abarque no sólo a los presos del procés sino a todos los detenidos estos días (inasumible para el Estado español, pero al menos marca un objetivo) y se empezaran a generar las estructuras necesarias para mantener la tensión un tiempo indefinido. Si somos incapaces de generar algo tan “macro”, quizás sería interesante concentrarnos en diseñar una estrategia de objetivos concretos en las movilizaciones. Tomar un espacio, ocupar una institución, colapsar un recurso, como pasó con el aeropuerto de El Prat el primer día de movilizaciones, es un objetivo claro, con principio y fin. La dinámica de “barricada-carga policial-correr” y vuelta a empezar puede ser muy útil a nivel de aprendizaje y de generar músculo revolucionario, pero es muy difícil mantenerla durante prolongados períodos de tiempo. Los jóvenes que están en esto por ese aspecto lúdico que comentaba antes, abandonarán las calles cuando la cosa deje de ser “divertida”. Los jóvenes con compromiso político y los que se mueven por motivos sociales, sí seguirán ahí cuando la “novedad” se acabe, pero un movimiento no puede sobrevivir asumiendo un coste tan elevado a niveles represivos. Con una media de 30 detenciones al día (200 detenidos en 6 días) se corre el peligro de agotarse. Es por eso importante replantearse la táctica y la estrategia, en qué incidir y qué cambiar.

Y si no estamos para reflexionar sobre nada de esto, es importante que al menos estemos en las calles, que se note nuestra presencia, no renunciar a la propaganda por el hecho. Desde fuera puede parecer que carece de importancia, pero estar ahí, y no renunciar al discurso propio, es vital. Y lo he podido comprobar personalmente. De lo más pequeño a lo más grande, en cualquier momento puedes ahondar en un conflicto, radicalizar una situación, mostrar eficacia o experiencia. Tu comportamiento habla más de tu propuesta política y social que ningún discurso. Cuando un grupo de manifestantes se sientan y empiezan a entonar de nuevo el “som gent de pau”, es importante que una presencia discordante les recuerde que sentados invitan a que carguen y que dejan expuesta una zona del cuerpo tan sensible como la cabeza. Cuando los cánticos capacitistas y machistas se abren paso, es necesario romper esa dinámica e introducir consignas anticapitalistas o libertarias que sirvan de contrapeso. Cuando un grupo de jóvenes corren descamisados y a cara descubierta huyendo de las sirenas, es difícil que se olviden del militante anarquista que les hizo un tutorial in situ sobre cómo taparse completamente el rostro y la cabeza con las camisetas que colgaban de sus cinturas. Cuando los ánimos están inflamados después de cantar Els segadors, no está de más recordar a quienes te rodean que la letra de ese himno la compuso un antiguo anarquista llamado Emili Guayavents (1899) y que de ahí viene lo de: “com fem caure espigues d’or/quam convé seguem cadenes4 y disfrutar de cómo los pibes y pibas que te han escuchado empiezan a comentar el dato. Cuando un fascista se embosca para reventar una manifestación, puede suponer un cambio de perspectiva entre los presentes que sea un anarquista el primero en detectar la jugada y en expulsar al “agente provocador”. Todo esto, aunque apenas suponga una minúscula gota más en la corriente, es importante para alimentar el cauce y empujarlo fuera de las aguas mansas.

Lo repito: no estamos ante una revolución, ni estamos tampoco ante una lucha perfecta. Ninguna lo es, ninguna lo será. Los agoreros que en cada revuelta o movilización social denuncian que “no durará”, que “fracasará” o que “no es una revolución integral”, siempre tienen y van a tener razón. La tienen ahora con respecto a los disturbios de Catalunya, la tuvieron hace poco en relación al 15-M, la tuvieron hace mucho cuando hablaban del Mayo del 68, pero también la habrían tenido si hubieran estado vivos el 19 de Julio de 1936 y hubieran podido recorrer las calles de Barcelona. Todas las revoluciones y conatos de revoluciones que se han producido, a lo largo de la historia de la humanidad, o han fracasado o han sido traicionadas, y muchas de ellas han sido lo suficientemente parciales como para que el término revolución les quede, tal vez, demasiado grande. Los agoreros no aciertan porque sean unos “genios clarividentes”, lo hacen porque su horizonte analítico tiene, en realidad, la misma complejidad que la de recordarnos que todos vamos a morir5. La cuestión es si, conociendo esa obviedad, el alto porcentaje de fracaso, desmovilización y represión que nos espera, merece la pena moverse, tensionar la situación, ganar peso, experiencia y número de cara al futuro, llevar los acontecimientos hasta sus límites, luchar sin idealizaciones ni esperanzas vagas o, por el contrario, quedarse cruzados de brazos, criticando desde la distancia, y esperando a que nos llegue la muerte. Como decía Simone Weil: “no me gusta la guerra, pero en la guerra siempre me pareció que lo más horrible era la situación de los que permanecían en la retaguardia”6.

Al regresar de Barcelona una compañera del Sindicato de Inquilinas me preguntó: “al final, los que están en las calles, ¿quiénes son? ¿Son independentistas o son antisistema?”. Y le tuve que contestar lo que vi: son pueblo, simplemente pueblo, un pueblo que está empezando a perder el miedo. Esa es la verdad sobre las llamas de Barcelona.

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1 La táctica de la criminalización ha tratado, como siempre, de arrastrar a la gente por las tripas, y los medios no han parado de difundir las cifras del Ayuntamiento de Barcelona que estima en un millón y medio de euros el gasto por los contenedores quemados. La reacción de mucha gente ha sido la de no explicarse como un Ayuntamiento puede comprar a un precio tan elevado unos simples contenedores. ¿Se los compra acaso a Swarovski?

2 Para conocer más sobre el conflicto ideológico y generacional que supuso el Mayo del 68 dentro del movimiento libertario, es recomendable leer el capítulo (“1968. La revuelta antiautoritaria en Europa” pp. 219-246) que Octavio Alberola y Ariane Gransac le dedican a dicho acontecimiento en su libro El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1974) (2004, Ed. Virus). En dicho libro también se explica que el desencuentro se escenificó ostensiblemente en el Congreso Anarquista de Carrara (Italia) de 1968. Para más información sobre dicho congreso y sus cuitas internas recomiendo el artículo de Luis Nuevo “Congreso Anarquista Internacional de Carrara de 1968. El anarquismo delante del espejo” para la Redacción de Noticias de Alasbarricadas.org (http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/40594).

3 Escrito de los editores de Noir et Rouge leído en el citado Congreso de Carrara, ibíd.

4 “Como hacemos caer espigas de oro/cuando conviene segamos cadenas”.

5 En realidad, nadie conoce la fórmula exacta para que una revuelta vaya a más y pueda amenazar con transformar verdaderamente las cosas. De hecho, es casi imposible de prever. Como explica Éric Hazan en el capítulo “Politización” (pp. 21-42) de su ensayo La dinámica de la revuelta (reeditado este mismo octubre del 2019 por Virus Editorial), ni siquiera el nivel de politización del pueblo es un factor clave para ello. Hubo momentos históricos en los que las revoluciones fueron más provocadas por el hambre y la desesperación que por la politización de las masas (Francia 1789, Rusia 1917), otros en los que politización confluyó con factores económicos y sociales (España 1936) y otros donde a pesar del alto nivel de politización no ocurrió nada a efectos revolucionarios (Italia en la década de los 70). La revolución es y será siempre un campo abierto a la experimentación, donde la historia sirve de pista pero no de brújula.

6 En H.M. Enzensberger, El corto verano de la anarquía, 1998, p. 170, Ed. Anagrama.

Comunicado mujeres Jinwar.

Queridxs amigxs de JINWAR:
Nosotras, las mujeres y los niños de la aldea de mujeres libres JINWAR en el norte de Siria, escribimos esta carta, a quienes estuvieron en contacto con nosotras o tuvieron la oportunidad de visitarnos. Durante el tiempo que estuvieron aquí tuvieron la ocasión de conocernos, conocer nuestro pueblo y nuestra vida diaria. Pueden ver lo que hemos construido: las casas hechas de arcilla, en las que vivimos juntas, la escuela, el centro de curación para la medicina natural que se abrirá pronto, nuestra panadería, el jardín, los campos, todos los árboles, que se hacen cada vez más grandes, y toda nuestra vida en común, lejos de la opresión y la violencia, basada en nuestra voluntad de vivir juntas como mujeres y niñas libres.
Queridxs amigxs de JINWAR:
Nosotras, las mujeres y los niños de la aldea de mujeres libres JINWAR en el norte de Siria, escribimos esta carta, a quienes estuvieron en contacto con nosotras o tuvieron la oportunidad de visitarnos. Durante el tiempo que estuvieron aquí tuvieron la ocasión de conocernos, conocer nuestro pueblo y nuestra vida diaria. Pueden ver lo que hemos construido: las casas hechas de arcilla, en las que vivimos juntas, la escuela, el centro de curación para la medicina natural que se abrirá pronto, nuestra panadería, el jardín, los campos, todos los árboles, que se hacen cada vez más grandes, y toda nuestra vida en común, lejos de la opresión y la violencia, basada en nuestra voluntad de vivir juntas como mujeres y niñas libres.
Todo esto está ahora bajo amenaza directa del Estado turco, que lanza abiertamente ataques contra el norte de Siria. El plan de Erdogan es extinguir al pueblo kurdo y ocupar nuestra región. Podemos ver los resultados de esta política en Afrîn, que ha sido ocupada por Turquía, DAIŞ y otros grupos yihadistas. La situación en Afrîn resultó realmente mala para la gente, especialmente para las mujeres, a quienes se les quitan los derechos, que sufren violencia y violaciones, que son vendidas y tratadas como esclavas. Los ataques y otra ocupación del estado turco en otras partes del norte de Siria podrían significar la misma explotación brutal para las mujeres aquí.
JINWAR es un lugar donde las mujeres pueden vivir de manera comunitaria y criar y educar a sus hijos de forma autónoma y libre, sin una gran influencia diaria de la mentalidad masculina dominante. Muchas mujeres y hombres valientes lucharon y dieron sus vidas, para liberar este territorio y hacer posible la oportunidad de construir un nuevo sistema democrático inspirado en el concepto de Confederalismo Democrático. Este sistema se basa en las ideas de Abdullah Ocalan sobre la libertad de las mujeres y la autoadministración de diferentes grupos étnicos y sociales, que viven aquí juntos. Nuestro pueblo JINWAR es parte y, al mismo tiempo, el resultado de este proceso revolucionario. Además, también es un ejemplo práctico de cómo nosotras, como mujeres, podemos crear alternativas en campos como la vida comunitaria, la ecología y la economía. Durante este proceso, se han construido muchas cosas aquí en Rojava: las mujeres se organizan de manera autónoma en cada ciudad. Ejemplos de esto son “Kongreya Star” y “Mala Jin” (casas de mujeres), donde las mujeres están reuniendo y desarrollando soluciones para los problemas de toda la sociedad. En el “Mala Jin”, las mujeres se apoyan mutuamente para resolver conflictos en las familias y en toda la sociedad. El liderazgo y la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones también es un componente clave del modelo de democracia directa que se está promulgando en Rojava. A través de eso, las mujeres podrían obtener una nueva posición en la sociedad y en la política. Estos logros pueden ser un ejemplo para todas las mujeres del mundo. En el momento en que estamos escribiendo esta carta, diferentes pueblos y lugares alrededor han sido bombardeados y muchas personas ya han muerto. Nuestra aldea, nuestra sociedad, nuestras vidas y la vida y el futuro de todas las personas aquí, especialmente mujeres y niños, se encuentran bajo una grave amenaza.
Nosotras, como mujeres y niños de JINWAR, los llamamos para que alcen sus voces y tomen medidas contra esta guerra. ¡Utiliza todas las posibilidades que tienes para difundir información y crear conciencia sobre la política de ocupación turca! ¡No te quedes callada! ¡Defendamos juntos la vida libre y nuestro futuro común!
Jin, jiyan, azadî!