antifeixisme

La verdadera Barcelona en llamas.

https://ellokal.org/la-verdadera-barcelona-en-llamas/
por Ruymán Rodríguez (FAGC)

Se han escrito, pensado y dicho tantas mentiras sobre los disturbios de Barcelona, que si llegaran a materializarse podrían verse desde el espacio con mucha más facilidad que la Gran Muralla China.

No me cuesta suponer que muchos de los que reproducen esas mentiras o bien no han pisado Catalunya desde que el lunes 14 de octubre se hacía pública la sentencia del procés y empezaban las movilizaciones o, si la han pisado, no se han enterado de nada. Pero estoy convencido de que los autoproclamados “profesionales de la información”, que sí la han pisado, que sí se han enterado de todo y que aún así intoxican deliberadamente, lo hacen respondiendo a los mandatos directos del poder y a una bien definida estrategia propagandística. Lo lamentable es descubrir que gran parte de la izquierda politizada, con sus columnas de opinión, comunicados, colectivos, sedes y asambleas, parecen estar analizando la realidad a través de dicha propaganda mediática.

La realidad de esta última reedición de La Rosa de Foc tiene muy poco que ver con lo que nos han contado o mostrado. Por un lado, uno esperaría al llegar a Barcelona encontrarse con una ciudad colapsada, con la “gente de orden” metida en su casa y la vida urbana completamente paralizada. La realidad, por el contrario, es que la gran mayoría de habitantes sigue con sus rutinas y hábitos callejeros normales. Esto no quiere decir, necesariamente, que no les interese lo que está pasando en su ciudad, ni que sean ajenos al conflicto. Al contrario, es el tema de conversación constante y es imposible saber si el vecino que apura un vermú en una terraza no está haciendo tiempo para sumarse a una movilización esa misma tarde. De hecho, es raro ver a alguien alarmarse por oír un pelotazo de goma a lo lejos o por ver a manifestantes corriendo por las calles. No sabría decir si es una cuestión de desconexión entre ambas realidades o de costumbre, de haberse habituado a lo inhabitual.

Pero la gran mentira sobre las llamas de Barcelona va mucho más lejos, o al menos más a las vísceras. ¿Comandos internacionales bien organizados y bien financiados detrás de los disturbios? ¿Un movimiento exclusivamente nacionalista motivado por aspiraciones supremacistas? La realidad de las barricadas y de la calle no tiene nada que ver con eso.

En primer lugar, la media de edad de quienes están protagonizando las protestas es llamativamente baja. Son jóvenes que a menudo no superan los 18 años. En las calles de Barcelona no es raro encontrar a chicas y chicos de 15 o 16 años llevando la iniciativa en las manifestaciones y en los enfrentamientos con la policía. La gran mayoría ha nacido en el siglo XXI, y nada tienen que ver con “revolucionarios profesionales”, “antisistemas de origen europeo” y demás mitos que los medios han hecho circular estos días. De hecho, ojalá hubiera más grupos organizados metidos en el conflicto. Porque hoy por hoy casi todo el peso de la lucha, también a nivel represivo, está recayendo sobre unos jóvenes que pueden parecer “expertos” de cara al exterior, pero que realmente no tienen más armas que la voluntad, el entusiasmo, el ensayo/error, el adiestramiento del día a día, la improvisación, la información boca-oreja y mucha rabia acumulada. Los tutoriales de Internet, el aprendizaje sobre el terreno y puede que un breve consejo de algún veterano aislado, están haciendo más por mantenerlos seguros y a salvo que ninguno de esos fantasmagóricos grupos bien financiados (aún nadie me ha contestado a cuánto se paga el contenedor en llamas) con los que todavía nadie se ha encontrado. La espontaneidad está marcando gran parte de la lucha y también muchas de las acciones concretas, con todo lo positivo, pero también peligroso, que tiene esto.

Por otra parte, ¿qué es lo que mueve a esta juventud a tomar las calles? Sería excesivamente simplista y caricaturizador reducirlo todo al nacionalismo catalán. Sí, ciertamente ese factor está muy presente y se deja notar, desde las banderas a las consignas. Sin embargo, sólo un análisis de brocha gorda podría defender que el patriotismo es lo que mantiene al 100% de los manifestantes en pie de guerra. La realidad es mucho más compleja y tiene que ver bastante con las fisuras en la narrativa del Estado.

Durante décadas a varias generaciones (los que nacimos entre 1978 y la primera década del 2000) se nos ha dicho, y a veces convencido, de que en democracia podía defenderse cualquier idea, incluso la independencia, siempre y cuando fuera de forma pacífica. Este era el caballito de batalla contra la izquierda abertzale en los años más duros de ETA. El mantra ha seguido repitiéndose hasta nuestros días. Las censuras y detenciones arbitrarias por delitos de opinión podían ir fisurando el relato, pero en casi todas partes y ambientes ha seguido incuestionable. El 1 de octubre de 2017 se abrió una importante grieta con la brutal represión policial que sufrió Catalunya el día del famoso referéndum. Pero fue el pasado lunes 14 de octubre cuando la música dejó de sonar, el telón cayó y la máscara se rompió. Miembros de la alta burguesía, cargos públicos, de partidos y asociaciones, gente con miles de votantes y seguidores a sus espaldas, personas que siempre han ejercido de bomberos ante procesos callejeros que no pueden controlar, pacifistas ad nauseam, eran condenados por el Tribunal Supremo a penas de cárcel de entre 13 y 9 años por defender la independencia. Esta sentencia provocaba dos conclusiones muy claras: primera, el soniquete de que “todo vale en democracia mientras no se use la violencia” había caído al suelo hecho añicos y se llegaba a la deducción de que si te podían caer varios años de cárcel por no hacer nada, mejor que te cayeran por “hacer algo”; segunda, si el Estado español podía hacer eso con los “próceres” del catalanismo, ¿que no podría hacer con el resto? Hay veces que la sensación de amenaza, de un terror que se abalanza sobre nosotros, nos lleva a recluirnos; otras, a enseñar los dientes. Es en esto último en lo que está la juventud catalana.

Muchos de estos jóvenes acompañaron a sus padres a votar el famoso 1-O, y los vieron sangrar, con las manos en alto, mientras la policía los apaleaba impunemente. El relato pacifista de sus mayores se había disuelto y ya no había forma de recomponerlo. Los pasos dados por el Estado español y su aparato policial-judicial han tenido mucho que ver, por tanto, con esta inversión de la corriente. Dinámica de la que tampoco escapan la Generalitat y los partidos independentistas, de derecha a izquierda. El fenómeno de la “independencia en diferido”, los paripés y proclamaciones simbólicas que evidenciaban más miedo a un pueblo catalán sin riendas que al propio Estado español, han hecho que el manifestante actual, incluso el independentista, sienta cada vez mayor aversión por unas instituciones y unos partidos cuyo prestigio se deteriora a pasos agigantados.

Sin embargo, ni siquiera esto abarca todas las motivaciones. En las manifestaciones hay también muchos jóvenes sin futuro, sin empleo, migrantes, cabreados por una Barcelona cada vez más inhabitable, concebida para ser consumida y no vivida. Jóvenes que antes de la sentencia ya estaban hartos de que los mossos les registraran y detuvieran por su color de piel. Jóvenes con empleos precarios que se lamentaban por tener que abandonar una manifestación o un corte de carretera porque tenían que entrar a trabajar en una feina de merda. Cuantos más de estos jóvenes se sumen al conflicto más se incidirá y profundizará en los aspectos sociales del mismo.

La actuación de la policía, tanto la nacional como los mossos, está deliberadamente forzando la radicalización de la situación. Más allá de lo visto en redes sociales (pelotazos de goma directamente al cuerpo, atropello de manifestantes, palizas a ancianos, pisar a detenidos en el suelo, porrazos en la nuca, detenciones arbitrarias, cargas indiscriminadas, persecuciones mientras lanzan carcajadas de psicópata por el megáfono de un coche patrulla, 4 personas tuertas por los citados pelotazos de FOAM), he podido comprobar personalmente la provocación sistemática empleada como táctica policial: he visto a mossos haciéndome directamente una peineta mientras pasaba a su lado; les he escuchado mandar a la gente “a tomar por culo con su jodida república”, en perfecto castellano, intentado marcar las sílabas, tanto como fuera posible, para intentar que un idioma se convierta, de por sí, en un insulto; les he visto abrir una barrera policial, con 100 metros de tierra de nadie a sus espaldas, en pleno prime time televisivo, para permitir que un “agente provocador” lanzara a la masa concentrada gritos de “¡arriba España!”, en un burdo intento de propiciar una agresión colectiva que justificara la carga de los antidisturbios. Todo esto, desde luego, no es casual y debe responder a una estrategia bien pensada. No obstante, es imposible mantener permanentemente la táctica de la tensión. Es verdad que a veces la cuerda cede, pero también es cierto que a veces se rompe con una sacudida violenta. Las consecuencias, entonces, no pueden preverse.

El conflicto, en síntesis, tiene algunos aspectos que desde el punto de vista subversivo (lo siento, pero no tengo otro) marca un antes y un después: la ruptura emocional de la gran mayoría de los manifestantes con el Estado español es prácticamente absoluta; aunque el divorcio con las instituciones y partidos catalanes, y con sus plataformas sociales, aún no es completo, entre los jóvenes crece el descontento y se dan los primeros síntomas de separación; el mito de la nostra policia, reforzado especialmente tras los atentados de las Ramblas del 17 de agosto (2017) y del 1-O, se resquebraja la primera semana de protestas después de todo lo relatado; la línea roja marcada por el pacifismo empieza a desdibujarse y la censura de acciones hipócritamente consideradas “violentas” se considera fuera de contexto en círculos cada vez más amplios (es complicado considerar violento la quema de un contenedor1 cuando cada día de movilización arroja uno o dos manifestantes mutilados).

A pesar de que estos disturbios suponen un punto y aparte (aún es pronto para valorar su magnitud en nuestra historia contemporánea, pero ya podemos confirmar que ha roto ciertas barreras que por ejemplo nunca tocó el Movimiento 15-M), sería absurdo caer en idealizaciones. Por un lado supondría una exageración afirmar que detrás de todos los manifestantes hay una pulsión política o reivindicativa. Hay también un factor lúdico, de ocio, que, sin ser mayoritario, no es irreal. En ocasiones ese factor no está reñido con la solidaridad y el compromiso en la lucha callejera y, aunque parezca paradójico, estos elementos pueden llegar a compenetrarse de forma bastante natural. Sin embargo, la imagen de jóvenes con vasos de alcohol en la mano, haciéndose un selfie con sus parejas y amigos delante de una barricada en llamas, reduciendo los disturbios a un momento más de una noche de fiesta, no es sólo propaganda. Pero este es un fenómeno que guarda más relación con nuestro modelo social que con este conflicto concreto, de hecho, en una ciudad tan turistificada como Barcelona, he llegado a ver a familias de turistas asiáticos haciéndose fotos delante de contenedores volcados.

Otro elemento desconcertante es la aparente falta de un objetivo o plan concreto. Debe de haberlo, pero casi nadie parece conocerlo. Una pregunta común, en los cortes de carreteras, las manifestaciones y los propios disturbios era: “¿y ahora qué?”. Muchos eventos acaban convirtiéndose en un deambular sin rumbo fijo, ante la ausencia de una finalidad definida. De hecho a veces pensaba, seguro que ingenuamente, que el primer sujeto o colectivo que expusiera un programa estratégico con puntos asumibles se llevaría el gato al agua. Esta dinámica me hacía darle vueltas a dos cuestiones: primera, la necesidad, ya mencionada, de una hoja de ruta ajena a las instituciones y a las organizaciones que éstas manejan; segunda, preguntarme dónde estaban “los míos”, las organizaciones y colectivos anarquistas.

Seguramente deben de haber muchas individualidades desparramadas en cada movilización, pero eché en falta la presencia coordinada de los grupos libertarios. Los compañeros anarquistas con los que traté me explicaron que esto era muy difícil dada la configuración atomizada del movimiento anarquista de la ciudad. Aún así me extrañó que, ante acontecimientos de tanto calado social y político, no surgiera un rudimentario acuerdo de mínimos. Ojalá las mentiras de la prensa, sobre el fuerte peso de los anarquistas en las protestas, se aproximaran a la verdad.

Si algo nos enseñó el 15-M es que los movimientos políticos siempre rinden cuentas ante la historia. El 15-M no fue un movimiento revolucionario y estuvo muy lejos, como el actual movimiento catalán, de ser perfecto y estar exento de contradicciones (para eso habrá que esperar al Paraíso revolucionario). Sin embargo, allá donde los anarquistas participaron las ideas libertarias bien definidas confluyeron con las intuitivas, el movimiento anarquista creció o se fortaleció (ejemplo es la FAGC en Gran Canaria) y pudo dejar su impronta en los acontecimientos. Donde el anarquismo se inhibió, si no tenía de por sí demasiada vida autónoma previa, acabó siendo representado como un conjunto de inútiles cascarrabias únicamente interesados en perorar y en poner palos en la rueda del movimiento. Proyectarse, no como un movimiento de lucha social, sino como un grupúsculo puramente dialéctico, no puede hacerse sin pagar un precio histórico y social muy elevado.

Aquellos anarquistas, y miembros de la llamada izquierda en general, que hoy cargan contra la juventud catalana están cometiendo el mismo error que ya cometieron con el 15-M. Toda la vida hablando de tomar las calles y las plazas, de despertar y levantarse, de barricadas y disturbios, y cuando esto pasa les pilla con los pantalones bajados porque no ha habido una mínima preparación, ni siquiera una mínima convicción, de que se pudiera pasar de los discursos y las teorías abstractas a la realidad práctica. Cogidos por sorpresa, y sin mucho interés en moverse demasiado (ni a nivel de replanteamientos ideológicos ni de actividad inmediata), adoptan la cómoda postura de cuestionarlo todo pero sin hacer nada. Con esa actitud se están posicionando, tanto antes como ahora, como el ala derecha de los movimientos sociales, cuando no como el ala izquierda de los movimientos reaccionarios. No están comprendiendo a su juventud, reduciendo su propia ideología “revolucionaria” a un artefacto senil, pretérito, impracticable, que no arrastra ni una pizca de la utilidad que pudo tener en el pasado.

Lo mismo le ocurrió a algunos de la “vieja guardia” libertaria con los jóvenes que protagonizaron el Mayo del 68. Eran incapaces de analizar una explosión social de ese tipo –que no habían organizado directamente ellos, sino la nueva generación militante– sin quitarse las lentes de sus planteamientos clásicos. Podían entender que las banderas negras volvían a las calles y reconocían que el interés por lo libertario estaba resurgiendo, pero eran incapaces de comprender enteramente el proceso, de sentir afinidad por unos jóvenes tan diferentes de sus antecesores y por un lenguaje completamente nuevo. Por eso trataban a los protagonistas de las luchas con cierto desdén y adultismo, considerando que su radicalismo se curaría con la edad2. Esto, aunque a la larga pudiera ser cierto, no es nunca una buena forma de acercarse a un proceso. Lo lamentable y paradójico es que muchos de los que participaron en el Mayo del 68 juzgan hoy a la juventud catalana con la misma severidad con la que se les enjuició a ellos entonces. Al final los jóvenes les dirán lo mismo que ellos dijeron en su día a otros censores: “[…] preferimos trabajar en acuerdo con centenares de revolucionarios que, sin llevar la etiqueta de anarquistas, lo son para nosotros mucho mas que ciertos burócratas”3.

En definitiva, hemos de huir de estas actitudes como de la peste. El anarquismo debe aprovechar estas situaciones para mostrarse práctico y resolutivo, como una opción de desbloqueo real en las reflexiones y en las calles. Ojalá todas las energías que se invierten en discusiones bizantinas sobre entelequias se invirtieran en desarrollar una hoja de ruta, un programa, entendible y asumible, que viniera a proponer cosas tan concretas como que los disturbios no cesarán hasta que no haya una amnistía que abarque no sólo a los presos del procés sino a todos los detenidos estos días (inasumible para el Estado español, pero al menos marca un objetivo) y se empezaran a generar las estructuras necesarias para mantener la tensión un tiempo indefinido. Si somos incapaces de generar algo tan “macro”, quizás sería interesante concentrarnos en diseñar una estrategia de objetivos concretos en las movilizaciones. Tomar un espacio, ocupar una institución, colapsar un recurso, como pasó con el aeropuerto de El Prat el primer día de movilizaciones, es un objetivo claro, con principio y fin. La dinámica de “barricada-carga policial-correr” y vuelta a empezar puede ser muy útil a nivel de aprendizaje y de generar músculo revolucionario, pero es muy difícil mantenerla durante prolongados períodos de tiempo. Los jóvenes que están en esto por ese aspecto lúdico que comentaba antes, abandonarán las calles cuando la cosa deje de ser “divertida”. Los jóvenes con compromiso político y los que se mueven por motivos sociales, sí seguirán ahí cuando la “novedad” se acabe, pero un movimiento no puede sobrevivir asumiendo un coste tan elevado a niveles represivos. Con una media de 30 detenciones al día (200 detenidos en 6 días) se corre el peligro de agotarse. Es por eso importante replantearse la táctica y la estrategia, en qué incidir y qué cambiar.

Y si no estamos para reflexionar sobre nada de esto, es importante que al menos estemos en las calles, que se note nuestra presencia, no renunciar a la propaganda por el hecho. Desde fuera puede parecer que carece de importancia, pero estar ahí, y no renunciar al discurso propio, es vital. Y lo he podido comprobar personalmente. De lo más pequeño a lo más grande, en cualquier momento puedes ahondar en un conflicto, radicalizar una situación, mostrar eficacia o experiencia. Tu comportamiento habla más de tu propuesta política y social que ningún discurso. Cuando un grupo de manifestantes se sientan y empiezan a entonar de nuevo el “som gent de pau”, es importante que una presencia discordante les recuerde que sentados invitan a que carguen y que dejan expuesta una zona del cuerpo tan sensible como la cabeza. Cuando los cánticos capacitistas y machistas se abren paso, es necesario romper esa dinámica e introducir consignas anticapitalistas o libertarias que sirvan de contrapeso. Cuando un grupo de jóvenes corren descamisados y a cara descubierta huyendo de las sirenas, es difícil que se olviden del militante anarquista que les hizo un tutorial in situ sobre cómo taparse completamente el rostro y la cabeza con las camisetas que colgaban de sus cinturas. Cuando los ánimos están inflamados después de cantar Els segadors, no está de más recordar a quienes te rodean que la letra de ese himno la compuso un antiguo anarquista llamado Emili Guayavents (1899) y que de ahí viene lo de: “com fem caure espigues d’or/quam convé seguem cadenes4 y disfrutar de cómo los pibes y pibas que te han escuchado empiezan a comentar el dato. Cuando un fascista se embosca para reventar una manifestación, puede suponer un cambio de perspectiva entre los presentes que sea un anarquista el primero en detectar la jugada y en expulsar al “agente provocador”. Todo esto, aunque apenas suponga una minúscula gota más en la corriente, es importante para alimentar el cauce y empujarlo fuera de las aguas mansas.

Lo repito: no estamos ante una revolución, ni estamos tampoco ante una lucha perfecta. Ninguna lo es, ninguna lo será. Los agoreros que en cada revuelta o movilización social denuncian que “no durará”, que “fracasará” o que “no es una revolución integral”, siempre tienen y van a tener razón. La tienen ahora con respecto a los disturbios de Catalunya, la tuvieron hace poco en relación al 15-M, la tuvieron hace mucho cuando hablaban del Mayo del 68, pero también la habrían tenido si hubieran estado vivos el 19 de Julio de 1936 y hubieran podido recorrer las calles de Barcelona. Todas las revoluciones y conatos de revoluciones que se han producido, a lo largo de la historia de la humanidad, o han fracasado o han sido traicionadas, y muchas de ellas han sido lo suficientemente parciales como para que el término revolución les quede, tal vez, demasiado grande. Los agoreros no aciertan porque sean unos “genios clarividentes”, lo hacen porque su horizonte analítico tiene, en realidad, la misma complejidad que la de recordarnos que todos vamos a morir5. La cuestión es si, conociendo esa obviedad, el alto porcentaje de fracaso, desmovilización y represión que nos espera, merece la pena moverse, tensionar la situación, ganar peso, experiencia y número de cara al futuro, llevar los acontecimientos hasta sus límites, luchar sin idealizaciones ni esperanzas vagas o, por el contrario, quedarse cruzados de brazos, criticando desde la distancia, y esperando a que nos llegue la muerte. Como decía Simone Weil: “no me gusta la guerra, pero en la guerra siempre me pareció que lo más horrible era la situación de los que permanecían en la retaguardia”6.

Al regresar de Barcelona una compañera del Sindicato de Inquilinas me preguntó: “al final, los que están en las calles, ¿quiénes son? ¿Son independentistas o son antisistema?”. Y le tuve que contestar lo que vi: son pueblo, simplemente pueblo, un pueblo que está empezando a perder el miedo. Esa es la verdad sobre las llamas de Barcelona.

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1 La táctica de la criminalización ha tratado, como siempre, de arrastrar a la gente por las tripas, y los medios no han parado de difundir las cifras del Ayuntamiento de Barcelona que estima en un millón y medio de euros el gasto por los contenedores quemados. La reacción de mucha gente ha sido la de no explicarse como un Ayuntamiento puede comprar a un precio tan elevado unos simples contenedores. ¿Se los compra acaso a Swarovski?

2 Para conocer más sobre el conflicto ideológico y generacional que supuso el Mayo del 68 dentro del movimiento libertario, es recomendable leer el capítulo (“1968. La revuelta antiautoritaria en Europa” pp. 219-246) que Octavio Alberola y Ariane Gransac le dedican a dicho acontecimiento en su libro El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1974) (2004, Ed. Virus). En dicho libro también se explica que el desencuentro se escenificó ostensiblemente en el Congreso Anarquista de Carrara (Italia) de 1968. Para más información sobre dicho congreso y sus cuitas internas recomiendo el artículo de Luis Nuevo “Congreso Anarquista Internacional de Carrara de 1968. El anarquismo delante del espejo” para la Redacción de Noticias de Alasbarricadas.org (http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/40594).

3 Escrito de los editores de Noir et Rouge leído en el citado Congreso de Carrara, ibíd.

4 “Como hacemos caer espigas de oro/cuando conviene segamos cadenas”.

5 En realidad, nadie conoce la fórmula exacta para que una revuelta vaya a más y pueda amenazar con transformar verdaderamente las cosas. De hecho, es casi imposible de prever. Como explica Éric Hazan en el capítulo “Politización” (pp. 21-42) de su ensayo La dinámica de la revuelta (reeditado este mismo octubre del 2019 por Virus Editorial), ni siquiera el nivel de politización del pueblo es un factor clave para ello. Hubo momentos históricos en los que las revoluciones fueron más provocadas por el hambre y la desesperación que por la politización de las masas (Francia 1789, Rusia 1917), otros en los que politización confluyó con factores económicos y sociales (España 1936) y otros donde a pesar del alto nivel de politización no ocurrió nada a efectos revolucionarios (Italia en la década de los 70). La revolución es y será siempre un campo abierto a la experimentación, donde la historia sirve de pista pero no de brújula.

6 En H.M. Enzensberger, El corto verano de la anarquía, 1998, p. 170, Ed. Anagrama.

Los y las inmigrantes rechazamos la sentencia contra el “procés” y defendemos los derechos de todos y todas.

Se ha hecho pública la sentencia del juicio contra el procès. Son penas duras que condenan a varios de los acusados a más de 10 años de cárcel.

Pero la sentencia no solo condena a los acusados, en su contenido se condena y niega el derecho de las personas que viven en Catalunya a decidir su destino; sus derechos fundamentales de expresión, manifestación, opinión y autodeterminación.

Este juicio y su sentencia son la culminación de lo sucedido el uno de octubre de 2017, cuando las cargas policiales contra ciudadanos indefensos trataron de impedir su derecho al voto.

Nosotros somos conscientes de que una gran parte del pueblo catalán quiere su propia república. Igualmente somos conscientes de que otra parte, también importante del pueblo catalán sigue queriendo ser parte del estado español. Pero ambas opiniones deben gozar de la más absoluta libertad de expresión y manifestación. Nadie debe ser encarcelado ni condenado por sus ideas. Por estas razones rechazamos esta sentencia.

Las personas inmigradas somos discriminadas por las leyes del estado español, leyes que el gobierno catalán obedece y aplica continuando con nuestra discriminación. La Ley de Extranjería fue votada por el PP pero también por el PSOE y fuerzas políticas que hoy gobiernan en la Generalitat. Pero sin duda el aumento de la represión que encarna la sentencia también dificultará la lucha por nuestros derechos, aumentará las redadas y las deportaciones y nos seguirá criminalizando.

Ejemplos de ello no faltan. La misma policía que ahora carga contra los manifestantes es la que nos identifica en las calles y nos deporta. Las mismas fuerzas políticas que nos acusan de “robar el trabajo a los españoles” son las que llaman condenan por sedición a autoridades catalanas elegidas por votación popular. Incluso han calificado de terroristas a personas que en sus casas tenían simples detergentes igual que hicieron con inmigrantes marroquíes en Gerona en el 2004.

Ante los ataques a los derechos democráticos no debemos permanecer como si no nos importase. Las personas migradas, junto con nuestros vecinos y vecinas, nuestros compañeros de estudio y de trabajo, hemos de movilizarnos en defensa de la libertad de expresión y manifestación. Uniremos a estas reivindicaciones las nuestras propias, el padrón sin restricciones, los papeles para todos y todas, el fin de los CIEs y las expulsiones, el acceso a la nacionalidad sin examen ni tasas Y la derogación de la Ley de Extranjería.

La prensa no deja de magnificar la violencia de estos días acusando de ella a la juventud catalana, nada dice la brutalidad policial, de la frustración de la juventud sin casa y sin trabajo, del miedo de los sin papeles a las detenciones cotidianas sin haber cometido delito alguno. Varios inmigrantes detenidos estos días pueden ser expulsados sin juicio alguno ni derecho a defensa.

Hay que construir leyes diferentes y opuestas a las que tantas veces hemos repudiado. Esto significa poner en marcha en Catalunya y en el resto del estado la defensa de las reivindicaciones sociales y democráticas que nos unen a todos: la igualdad de derechos, el trabajo digno, el derecho real a la vivienda, la sanidad y educación pública para todos y todas y la abolición de cualquier discriminación por razón de color, creencia, religión, sexo u origen.

Associació Papers i Drets per a Tothom, Sindicato Sindihogar/Sindillar

Barcelona18/10/2019

(Videos) Manifestaciones por toda Europa contra la invasión de Norte y Este de Siria

Movilizaciones en solidaridad con Rojava y contra la agresión del régimen turco se estan sucediendo por toda Europa.
Las protestas por toda Europa están tomando las calles para denunciar los planes de invasión del estado turco. Los kurdos y sus simpatizantes han organizado manifestaciones en ciudades de Francia, Alemania, Austria, Grecia y Italia.VIDEO Kassel
En Alemania las protestas han tenido lugar en Colonia, Nuremeberg, Stuttgart, Essen, Friburgo y Kassel. Estas manifestaciones se suman a las ya realizadas en los últimos días en el país germano.VÍDEO Marsilya
En Austria la comunidad kurda ha convocado una manifestación en la capital.

VÍDEO Dragunyan

VÍDEO Montpellier
Otras ciudades europeas que han denunciado los planes del estado turco y han defendido la experiencia de Rojava son Atenas, Marsella, Draguignan, Montpellier y Milán.

Redacción ANF

Mira també:
https://kaosenlared.net/videos-manifestaciones-por-toda-europa-contra-la-invasion-de-norte-y-este-de-siria/

Urgent! Missatge d’internacionalistes a Rojava.

Hem trobat a internet aquest missatge d’alguns internacionalistes a Rojava. La situació és greu. Solidaritat ja!!!
Nous sommes actuellement une dizaine d’internationalistes à nous battre
dans Serikaniye aux côtés de nos camarades kurdes, arabes, turcs,
arméniens, assyriens.
Ceci sera sans doute mon dernier message. L’aviation et l’artillerie
turque nous bombardent sans relâche. Des groupes islamistes et des
agents turcs ont infiltré nos lignes. Je ne sais pas combien de temps
nous allons pouvoir tenir.
Nous nous foutons bien de votre soutien. Nous voulons des actions! Si
les Etats impérialistes ne sont pas en mesure de sortir de leur lâcheté
pour nous sauver, nous comptons sur nos amis révolutionnaires pour nous
venger.
IL Y A DES CIBLES LOGIQUES. DÉTRUISEZ LES.

Serhat Tiqqun, le 11 Octobre 2019.

Traducció:

Som actualment una dotzena d’internacionalistes que estem combatent a Serekaniye amb els nostres companys kurds, àrabs, turcs, armenis i assiris. Aqust probablement serà el darrer missatge. L’aviació turca i l’artilleria ens estan bombardejant constantment. Els grups islàmics i els agents turcs s’han infiltrat a les nostres línies. No sabem quant més podrem resistir. Per nosaltres és molt important el vostre suport. Volem accions. Si els estats imperialistes,covards, no són capaços de fer-se enrere per salvar-nos, comptem amb els nostres amics revolucionaris per la venjança. N’hi han molts objectius. Destruïu-los.

[EE.UU] Willem Van Spronsen ha caído en combate.

l pasado 13 de julio cerca de las 04:00 horas, Willem Van Spronsen, antifascista anarquista de 69 años, fue abatido por la policía mientras que con artefactos incendiarios y un rifle, atacaba la flota de autobuses que sirven al Centro de Detención del Noroeste, una instalación privada de detención de inmigrantes.1

Es en su declaración final, en donde Williem transmitió que su accionar fue en respuesta a las continuas redadas y deportaciones llevadas a cabo por la Oficina de Aduanas e Inmigración (ICE), agencia dependiente del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

Van Spronsen fue detenido siendo acusado de agredir a un oficial de policía durante una de las tantas protestas fuera del centro de detención. Según los documentos judiciales, se lanzó contra el oficial que intentaba detener a un manifestante de 17 años, en junio del 2018. Precisamente esta nueva acción, ocurrió en el primer aniversario desde las movilizaciones contra el ICE, donde se desarrollaron una huelga de hambre dentro del Centro de Detención del Noroeste y un campamento afuera, entre otros hechos. 2 .

Declaración final de Willem Van Spronsen

Hay un error y hay un derecho.
Es hora de actuar contra las fuerzas del mal.

El mal dice que una vida vale menos que otra.
El mal dice que el flujo del comercio es nuestro propósito aquí.
El mal dice que los campos de concentración para personas consideradas menos importantes son necesarios.
La sierva del mal dice que los campos de concentración deberían ser más humanos.
Cuidado con el centrista.

Tengo el corazón roto de un padre
Tengo un cuerpo roto
Y tengo un aborrecimiento inquebrantable por la injusticia.
Eso es lo que me trae aquí.
Esta es mi clara oportunidad de intentar hacer una diferencia, sería un ingrato estar esperando una invitación más obvia.

Sigo a tres maestros:
Don Pritts, mi guía espiritual. «Amor sin acción es solo una palabra».
John Brown, mi guía moral. «Lo que se necesita es acción!»
Emma Goldman, mi guía política. «Si no puedo bailar, no quiero estar en tu revolución».

Soy una cabeza soñadora en las nubes, creo en el amor y la redención.
Creo que vamos a ganar.
Soy alegremente revolucionario. (Todos deberíamos haber estado leyendo a Emma Goldman en la escuela en lugar de la tontería del jingo que nos dieron de comer, pero estoy divagando). (Todos deberíamos estar mirando las fotos de los héroes de YPG en caso de que vacilamos y pensemos que nuestros sueños son imposibles, pero divago doblemente. Lucha conmigo.

En estos días de hooligans fascistas que se aprovechan de personas vulnerables en nuestras calles, en nombre del estado o apoyadas y defendidas por el estado,

En estos días de campos de detención/concentración altamente rentables y una batalla por la semántica,

En estos días de desesperanza, búsqueda vacía y anhelo vacío,

Vivimos en visible fascismo ascendente. (Digo visible, porque aquellos que prestaron atención lo vieron sobrevivir y prosperar bajo la protección del estado durante décadas. [Ver Howard Zinn, Una historia popular de los Estados Unidos.] Ahora sigue descaradamente su agenda con la cooperación abierta y total de Gobierno. De gobiernos de todo el mundo.

El fascismo satisface las necesidades del estado y satisface las necesidades de los negocios ya su costo. ¿Quién se beneficia? Jeff Bezos, Warren Buffet, Elon Musk, Tim Cook, Bill Gates, Betsy de Vos, George Soros, Donald Trump, ¿y debo seguir? Permítanme decirlo de nuevo: tipos ricos (que piensan que no son realmente tan buenos), realmente inciden en el gobierno (todos los gobiernos en todas partes, incluidos los gobiernos «comunistas»), porque hacen que las reglas que hacen a los ricos sean más ricas.
Sencillo.
No lo pienses demasiado.

(¿Son patriotas en la parte posterior prestando atención?)

Cuando era niño, en la Holanda de posguerra y más tarde en Francia, mi cabeza estaba llena de historias sobre el ascenso del fascismo en los años treinta. Me prometí a mí misma que no sería una de las personas que están de pie porque los vecinos son arrancados de sus hogares y encarcelados por ser percibidos de alguna manera como menores.
No tienes que quemar al hijo de puta, ¿pero vas a quedarte quieto?

Esta es la prueba de nuestra creencia fundamental en la libertad real y nuestra responsabilidad mutua.
Este es un llamado a los patriotas, también, a oponerse a esta parodia contra todo lo que ustedes consideran sagrado. Te conozco. Sé que en tus corazones, ves la deshonra en estos campos. También es hora de que usted haga frente al dinero que atraviesa las cuerdas de cada maldito títere que pretende representarnos.

Soy un hombre que los ama a todos y esta bola giratoria tanto que voy a cumplir la promesa de mi infancia de ser noble.

Aquí está, en estos campos de concentración corporativos con fines de lucro.
Aquí está, en Brown y en personas que no se conforman y temen mostrar sus rostros por temor a la policía/migra/Proud Boys/the boss/beckies …
Aquí está, un planeta casi agotado por la codicia del mercado.

Soy un pensador en blanco y negro.
Los campos de detención son una abominación.
No estoy esperando.
Realmente no debería tener que decir nada más que esto.

Dejo a un lado mi corazón roto y curo de la única manera que sé, siendo útil.
Yo compartimento eficientemente mi dolor …
Y alegremente hago este trabajo.
(Para aquellos que están agobiados por los restos de mis acciones, espero que hagan el mejor uso de esa carga).

A mis camaradas:
Lamento perderme el resto de la revolución.
Gracias por el honor de tenerme entre ustedes

Darme espacio para ser útil, para sentir que estaba cumpliendo mis ideales, ha sido el pináculo espiritual de mi vida.

Hacer lo que pueda para ayudar a defender a mi gente preciosa y maravillosa es una experiencia demasiado rica para describirla.

Mis compañeros trans me han transformado, solidificando mi convicción de que seremos guiados a un futuro soñado por los más marginados entre nosotros hoy. Lo he soñado tan claramente que no me arrepiento de no haber visto cómo resulta. Gracias por traerme tan lejos.

Soy antifa Estoy con camaradas de todo el mundo que actúan desde el amor de la vida en cada permutación. Compañeros que entienden que la libertad significa libertad real para todos y una vida que vale la pena vivir.

¡Mantener la fe!
¡Todo el poder a la gente!
Bella ciao