Coronavirus, una lectura.

Nunca tuvimos tanta razón, nunca dijimos tanta verdad como cuando en
manifestación organizada contra la política sanitaria dictada por el gobierno,
marchábamos por la avenida Meridiana, camino de plaza Cataluña, gritando
compasadamente: “retallar en sanitat és assessinar”; “recortar en sanidad es
asesinar”.
Los recortes que en Sanidad se llevaron a cabo el 2013 tienen hoy su mortal
consecuencia: los hospitales están saturados, faltan camas, personal sanitario, …para
responder a la embestida del coronavirus sea cual sea su procedencia, su
intencionalidad, su finalidad, llegando al borde del triaje: ¿cual salvamos de los tres?
No es la primera vez que una plaga parecida –parecida por su magnitud– nos visita: la
peste, y más cerca en el tiempo y con menor intensidad, la gripe porcina, aviar, vacas
locas,… llevando cada una su especificidad a cuestas, su marca.
Al comienzo de la industrialización, el trabajo en talleres insalubres propiciaba la
epidemia pulmonar tuberculosis. Hoy las características sobresalientes de nuestras
sociedades –gran movilidad, obligado consumo, tratamiento industrial de la cadena
alimenticia,… explican la pandemia que estamos sufriendo, también en el ámbito
respiratorio, en este final de ciclo de la industrialización capitalista: se cierra el círculo.
El tratamiento del gobierno aquí ha sido y es patético: a la falta de recursos
hospitalarios se añade desde la Generalitat su discurso: se discute la política emanada
del gobierno central, la culpa es de Madrid, otra vez “el procés”, la vieja cantinela que
nada explica, o todo.
Después del percance –inducido y no-, todos sacan provecho: las empresas
farmacéuticas, los ensayos de represión por parte del Estado, la gestión de las calles
por lo militar, el propiciar el cambio de libertad por seguridad siguiendo, “La Leyenda
del Gran Inquisidor”, dejando nuestra seguridad en sus manos.
También nosotros/as podríamos sacarle provecho. Lo que no tienes es lo que deseas.
La falta hoy de proximidad, el alejamiento social ahora impuesto, nos hace desearla.
Proximidad que se desdobla en solidaridad, en cuidarnos nosotros/as de nosotros/as
mismos/as. La falta de autonomía que representa nuestra aceptación, sin discusión, de
la orden de confinamiento, nos hace, con más fuerza, desearla. Autonomía que se
desdobla en autogestión generalizada, en asambleas soberanas, en redes en las que
manda la diversidad y el apoyo mutuo.
Que esta inesperada visita mortal nos sirva también para entender mejor este mundo
absurdo y ya caduco, para precipitar su caída y para levantar otro, más humano.
Desde la calle, 25 marzo 2020

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